Osorio y el destape que nos quedó a deber

Redacción/EFFETÁ

Inició la semana con rumores sobre la prometida visita del secretario de Gobernación a casa para presentar la implementación de estrategias en materia de seguridad que serán trabajadas de manera coordinada por los tres niveles de gobierno.

Ayer gran cantidad de amigos iniciaba o cerraba la conversación con un: “Mañana viene Osorio”; los mejores informados sabían el motivo de la visita, mientras la gran mayoría sólo expresaba con elocuencia la presencia del secretario.

Hoy, como de costumbre, salí tarde al evento donde se escucharían las voces de dos de los hombres más importantes de Hidalgo: el gobernador y el presidenciable, porque en la entidad no se olvida que “puede llegar”, haciendo cotidianas las especulaciones sobre sus posibilidades, virtudes y defectos.

La plaza Juárez fue anfitriona de la engalanada clase política hidalguense, que a duras penas pudo disimular sonrisas y suspiros por el visitante que causó revuelo.

El gobernador Omar Fayad Meneses emitió un discurso con su peculiar estilo que hace agradable escucharlo, siendo en esta ocasión dirigido primero a la necesidad de focalización de delitos de alto impacto, secundado por el uso de la tecnología para combatir la inseguridad.

Fayad Meneses también hizo hincapié en el combate a la corrupción en sus distintas facetas, enfatizando que “no dejaría el estado como estaba”, así como su disposición a escuchar las diversas denuncias sobre el tema.

Apeló por la unidad en Hidalgo para engrandecerlo brindando a su población la oportunidad de ser feliz viviendo con justicia y seguridad, cierre que le adjudicó un gran aplauso por parte de los presentes.

Al tocar el turno de Miguel Ángel Osorio Chong los vendedores ambulantes comenzaron a enumerar inmediatamente diversas anécdotas de cuando “el licenciado Osorio” era gobernador. Entre la mitificación y la nostalgia se adivinaba la sensación de cercanía con quien en algún lejano día les dio una indicación.

Proseguía el discurso mientras algunas personas se acercaban sólo a observar la enorme pantalla que mostraba la imagen del hidalguense, un par de estudiantes con batas blancas de la UAEH decían: “Es él, es él”, como quien observa una parte viva de la historia con la que se siente empatía.

Osorio Chong impregnó el pódium de la seguridad que sólo habita en quien conoció perfectamente la plaza capitalina donde le brindaron tantos afectos que hoy veía nuevamente plasmados en sus viejos compañeros de lides, que por más que intentaron contenerse de forma institucional no pudieron dejar de recibirlo con fuertes aplausos mezclados entre la proclama: “Osorio, Osorio, Osorio”.

Los hidalguenses sabemos de sobra que a Miguel Osorio lo distingue una especial sensibilidad para los temas sociales que muchos podemos pasar por alto en el día a día pero que para él es imposible dejar escapar. Así, dirigió grandes elogios a las personas que integran los cuerpos policiales, reconociendo su vital importancia en el gran engranaje de las estrategias de seguridad.

De igual forma exhortó al compromiso social en todos los temas, habló de los avances del sexenio en el que ha sido un pilar fundamental, pero sobre todo en un ejercicio de quien sabe de política, reconoció y felicitó al gobernador Omar Fayad por su gran labor al frente de Hidalgo, y es que no era para menos.

Generoso como siempre ha sido, no vino con las manos vacías a la entidad que antes gobernó, sino a dar el anuncio de recursos económicos y apoyo sustancial en el rubro de seguridad. Lógicamente la noticia de nuevo le ganó las palmas de los espectadores.

Aunque un detalle que capturó mi atención: la forma casi imperceptible en que pasó del discurso formal de un alto dirigente a una pequeña broma hecha a las largas filas de leales amigos a los que inmediatamente robó sonrisas, aplausos, y entre los corazones más apasionados, el grito de “Osorio, Osorio”.

Pese a que la naturaleza del evento obligó a las medidas de seguridad, para hacerlo cerrado de forma que el audio era imperceptible en las aceras, la gente pasaba por “una asomadita” mientras los servidores públicos del edificio de gobierno aprovecharon cualquier motivo para entrar y salir con folders que probablemente contenían documentación, permitiéndoles echarle un ojito al orador que antes albergó esas oficinas.

Así fue como el secretario de Gobernación emitió un discurso que no permitía largos aplausos dando en todo momento el lugar que corresponde al gobernador, cerrando el discurso con un: “Aquí se va a resolver el tema de seguridad porque hay acción de gobierno”.

Al término de sus palabras los hidalguenses se pusieron de pie en medio de algunas porras a Osorio Chong. Francamente siempre me ha resultado difícil de explicar ese vínculo entre los ciudadanos y el exgobernador que con cierta inercia siempre provoca en los presentes aplausos y porras.

Finalmente se hizo la entrega simbólica de las llaves de las unidades, siendo el momento en que un policía se despide de Osorio con la mano derecha inclinada ligeramente en la frente mostrando el natural respeto.

Recuerdos, nostalgia, curiosidad, asombro causó en Pachuca la presencia de quien en cualquier calle o pasillo es reconocido como el líder que se roba los afectos, lo único que debemos reprochar a don Miguel Osorio es que nos quedó a deber la cantada aspiracional. Tal vez para la otra.

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