Mancera, desesperado por llegar a 2018

Amanece la capital del país tapizada de carteles y espectaculares con un mensaje provocador: “Cinco años de hechos, no de política”. Al texto lo acompaña una imagen de un gigantesco retrato de Miguel Ángel Mancera, quien en una pose de galán de telenovela hace (auto) culto a la frivolidad de un gobierno caracterizado por excesiva creatividad en el marketing e imagen pública y una pobre obra pública. Ese rostro aparece con sonrisa relajada,  porta una camisa blanca que intencionalmente, como marcan los cánones de la semiótica visual, busca enviar el mensaje de: sigo sin partido, soy ciudadano  y merezco seguir en la ruta de las recompensas del sistema. Publicidad para incrédulos, no para quien sufre y padece el rezago de un lustro de pura apariencia. Crear la percepción de un gran gobierno no significa que lo sea.

En beisbol y en política no hay que moverse mucho en los senderos, amagar y engañar funciona, a menos que se busque el robo o el pega y corre (hit and run); adelantarse, especialmente cuando hay corredores en base, denota  la ansiedad del alcalde capitalino, porque parece que la última opción por apropiarse de la candidatura por el PRD se le va de las manos como ocurre con un pitcher que permite el solitario home run en el cierre de la última entrada.

Mancera no es un jugador con muchos recursos, más bien es bastante limitado y depende de asesores y mercadólogos para mantenerse a flote, por ello busca los reflectores de la prensa mostrando los logros (magros) de su gestión: la constitución de la ciudad, el cambio de nombre de Distrito Federal por Ciudad de México, la ampliación de programas sociales, nuevas líneas del metrobús, enmendar los errores de la línea bicentenario y muchos, muchos eventos deportivos como el gran premio de F1, homerun-derby en el Zócalo, NBA,Ligas Mayores, NFL, peleas de box, carreras, maratón y conciertos al por mayor, sólo por mencionar lo más cacareado.

En un gasto inaudito, a sabiendas que éste será el último año para exaltar los logros de una limitada gestión, busca alinear todos los astros a su favor y presume la presidencia de la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO), encabeza las campañas de salud, aparece en todos los programas,  paga costosos spots en Televisa para promocionar el paso a desnivel de Mixcoac y sonríe a la menor provocación porque para él lo importante no es SER un gran gobernante, sino PARECERLO, y para ello el enorme gasto en imagen pública para promocionar el que puede ser su momento climático de su administración.

En el rey de los deportes los errores cuestan Series Mundiales, acaban con la magia de un juego sin hit, rompen la racha de un récord de triunfos consecutivos y hasta se puede sepultar las aspiraciones de una franquicia que en 90 años no ha ganado la Serie Mundial… entre otras tragedias provocadad por una pifia; en política los errores son más costosos, se magnifican los daños y pueden anularse las aspiraciones de un político enfilado para siempre. La marca Miguel Ángel Mancera, porque sólo en ese nivel se le puede describir,  va a la baja. Epitafio de su meteórica carrera: mucha forma y poco fondo, ausente de ideología e identidad política, alejado del partido que lo respaldó, y más preocupado por lucir sus ejercitadas piernas en shorts que en reducir los altos índices de inseguridad que han convertido ciertas áreas de la ciudad en tierras inhóspitas como Culiacán o Tampico (vg. Tláhuac, Iztapalapa, Gustavo A. Madero…).

El beisbol es un deporte de estadísticas, lleno de datos que registran las constantes de un deporte cuasi científico, cifras que ayudan a prever o al menos a tener algunas consideraciones sobre lo que puede ocurrir en el campo. En la política azteca,  Mancera podría asemejarse a  uno de esos peloteros que batean basura, porque su promedio difícilmente rebasa el .250, porcentaje bajísimo que no justifica mantenerse en el principal circuito.

En síntesis: la fuerza del alcalde no le alcanzará para llegar con alguna oportunidad al clásico de 2018, la serie presidencial. Así que tanto dispendio en autocampañas de promoción, conciertos y demás ocurrencias desesperadas del jefe de gobierno capitalino sólo representan  un oneroso gasto para la ciudad, territorio que no merece más estafas, con las de Marcelo tuvimos bastante. El momento de Mancera se agota, con un PRD en peligro de extinción y sin el respaldo del hombre que mueve la cuna. El futuro de Mancera, si bien le va, son las ligas menores y creo que hasta ahí seguirá calentando la banca.

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Autor: Mario Ortiz Murillo

Por vocación sociólogo, de placer periodista. Soy un adicto enfermizo a las buenas y malas películas, especialmente las de culto (para mí). Me considero plural y lucho, desde mi humilde tribuna, en el aula y en la prensa por promover la tolerancia. Fiel seguidor de los Pumas, el mejor equipo de México y de la mejor institución del mundo, la UNAM. Aunque mi verdadera pasión no está en el deporte de las patadas sino en los batazos y las atrapadas. El rey de los deportes, según mi filosofía, debería convertirse en el deporte nacional y mundial por decreto de la ONU. Cuando esto ocurra, prometo jubilarme y dedicarme a bolear zapatos y arreglar bicis.

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