AMLO presidente, no es una locura

Las elecciones presidenciales de México, que se llevarán a cabo el siguiente año, marcan posiciones con Andrés Manuel López Obrador como puntero con entre 14 y 16 puntos porcentuales de ventaja sobre quien lo precede.

Esta diferencia resulta avasalladora en medio de un escenario con polarizaciones al interior de los diferentes partidos políticos del país, entre los que aparecen dos candidatos similares: José Antonio Meade Kuribeña por la coalición PRI-PVEM y Ricardo Anaya Cortés por “De Frente por México”.

El registro de Ricardo Anaya le permitió mostrarse como una opción cobijada por diferentes cuadros del PAN, PRD y MC, mientras él se manejaba en el escenario como una opción viable para aquellos que no quieren radicalismos o rechazan la continuación del proyecto priista.

Por su parte, Antonio Meade se coloca como tercera fuerza en el papel de candidato y en el mismo lugar con el logo que representa.

En cuanto a Andrés Manuel López Obrador, parece que su mensaje conciliador con los distintos grupos le permite refrendarse como la única opción que México no ha probado: la izquierda.

“El Peje” se proyecta con un discurso de matices espirituales para englobar el apoyo de sectores religiosos; amnistía con los grupos de narcotráfico que se traduce en el cese a una guerra infructífera que permite a un importante sector de la población tener la opción del término de matanzas y violencia; la presencia de empresarios que borra la posibilidad de convertir al país en un estado fracasado; la coalición con el PES como garantía de la erradicación de políticas radicalizadas pero la vigencia de oferta de cambio, y políticas sociales que permitan la inclusión de los grupos más vulnerables del país.

Conforme pasan los días se observa cómo López Obrador crece en las preferencias ciudadanas que lo perfilan como el único discurso con credibilidad.

El efecto de Andrés Manuel llega a Hidalgo con la conformación de una estructura integrada por cuadros con alto perfil de operadores políticos, pero también con un importante capital que ofrecer para asegurar una victoria en las elecciones presidenciales.

Destaca la presencia de Moisés Jiménez, exdirigente del gremio magisterial, quien aún cuenta con gran número de adeptos que ofrecen la garantía de una pelea sin tregua con la bandera de voto por voto, y que sumará todos los apoyos a su paso.

En el caso de Hidalgo, como muchos otros estados priistas, la asunción de un gobierno presidencial de colores distintos significa la mejor opción de desarrollo local con mayores recursos, pero también mayores posibilidades de proyectar a futuros candidatos presidenciales, tal como fue el caso de Enrique Peña Nieto.

Para la entidad, el discurso anticorrupción de López Obrador va perfectamente de la mano de las prácticas del gobernador Omar Fayad Meneses, que durante el breve período de su mandato ha luchado por despolitizar viejas prácticas estatales.

En próximos días el candidato de “Juntos haremos historia” visitará Hidalgo, evento que será un termómetro importante de los ánimos locales, que han resentido los compromisos incumplidos de Peña Nieto y las prácticas de Francisco Olvera, quien aparece como el mayor seguidor del candidato presidencial priista.

Hasta el momento en el panorama nacional se advierte, sin lugar a dudas, que el candidato con mayores posibilidades de arribar a Los Pinos es Andrés Manuel López Obrador como opción de cambio y con el apoyo de la mayor parte de la ciudadanía pues, si el mito es cierto, le han robado el triunfo por lo menos en una ocasión y por tanto ha sido elegido como presidente de la República en más de una ocasión.

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