Ser y Devenir 114

El internado Humboldt Trinity College, un viejo y titánico castillo a la orilla norte de Lake Tahoe, fue mi hogar por los siguientes tres años. Solo, triste y abandonado. Son los años nietzscheanos.

¿Existe la verdad absoluta? ¿En qué sentido existe? ¿Y tiene sentido hablar de la verdad en cuanto tal? La verdad que no reside en otra cosa más que en sí misma, i.e., la verdad metafísica. Antes del rancho creía en ella, pero ahora no creo que exista tal cosa como la verdad en sí. Huele a Kant y Kant apesta.

—¡La metafísica —me sigue gritando Nietzsche— es la explicación de este mundo, el que percibimos a través de los sentidos, mediante “otro mundo”, éste metafísico e inventado por la razón humana!

La verdad —le expreso serenamente mi planteamiento—, o mejor dicho, las verdades, no residen en el Ser (el ente en cuanto tal) sino en el Devenir. Si nuestros criterios para decidir la verdad de una afirmación, supongamos sobre un concepto, cambian con el tiempo, por consiguiente, el concepto que demarcamos mediante dichos criterios también cambiará —y cambiará necesariamente. Entonces, ¿la verdad es un concepto metafísico? Sólo si se le considera en términos absolutos, como algo único, eterno e inmutable.

—¿Me dejas terminar? —me reclama.

Nietzsche considera que Parménides es para Platón lo que Heráclito es para él, en un sentido de inspiración y modo de ser filosófico. Parménides funda el concepto de Ser, y con ello el cemento de la metafísica platónica: el Ser de φ como la Idea platónica de φ. En sentido contrario, Heráclito concibe el mundo como cambio, el fluir de la vida, el Devenir, lo contrario a la inmutabilidad del Ser metafísico. El Devenir (las verdades) niega el Ser (la verdad única, absoluta e inmutable).

La historia de la metafísica comienza con Platón, pasa por Aristóteles y la filosofía medieval; atraviesa epistemológicamente la modernidad y llega a su cúspide con el idealismo alemán. Hegel es el clímax: explica el conflicto entre los sistemas filosóficos como la esencia de la realidad, por tanto, del pensamiento. Todas las contradicciones se explican “dialécticamente” a través de la síntesis del Espíritu (Geist). Dios, como siempre, la verdad absoluta; pero ahora superando todas las contradicciones que antes se le criticaba a las implicaciones de su concepto.

No obstante, aún desde el supuesto clímax hegeliano la metafísica sigue explicando este mundo mediante “otro mundo” que, en palabras de Nietzsche, ella misma se inventa. ¿Qué sucede si prescindimos de dicha explicación? Desaparece Dios. “Dios ha muerto” es la sentencia del Devenir.

—Pero tranquilo —me aclara de manera condescendiente—, no desaparece el Dios antropomórfico, es decir, el anciano con barba blanca, sino lo que desaparece es el fundamento metafísico de cualquier explicación sobre el mundo.

Es decir, Dios como el Ser. ¿Implicaciones cotidianas? No hay moral fundamental, no hay bien ni mal en sentido absoluto o universal, sino en sentido personal. Cada quien determina su propia moral como la expresión de superación de su propia condición. Superarse a sí mismo, siempre, en todo momento. Superar la ignorancia y enfrentar la vida sin miedo, ser lo que uno siente y vivir, simplemente vivir lo que uno siente.

—Porque si Dios muere —me dice tajantemente—, mueren también sus imperativos.

Ya no hay deber ser moral, sino ser lo que uno es. No ser lo que los demás quieren que seas sino ser lo que uno siente y sentir lo que uno quiere. Auténticamente.

 

Continúa 115

Autor: Serner Mexica

Filósofo por la UAM, estudió la Maestría en la UNAM y el Doctorado en la Universidad de La Habana. Fue Becario de Investigación en El Colegio de México y de Guionismo en IMCINE. En 2007 obtuvo el Premio Nacional de Dramaturgia EMILIO CARBALLIDO por su obra "Apóstol de la democracia" y en el 2011 el Premio Internacional LATIN HERITAGE FOUNDATION por su tesis doctoral "Terapia wittgensteiniana".

Right Menu Icon