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19 Abril, 2017

EL INDIO FILÓSOFO - Serner Mexica
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Ser y Devenir 20

Sus ojos, hondos, su boca, rosada, su piel tostada y su cabellera dorada. Sus ojos húmedos, temblando, arrepintiendo su acto. Su boca exacta, redonda, apretando levemente los labios. Sus manos temblando, jugando con la mesa, con su pequeña bolsa. Me mira fijamente, no quiere perderse ningún detalle, ningún instante. Me mira y la miro, es el trágico destino.

—¿Quién era? —pregunta la doctora.

Mamá.

—¿Qué sentiste cuando la viste?

Me puse a llorar.

—¿Por qué?

Porque no creí volver a verla.

—¿Qué te dijo?

Me pidió perdón.

—¿Por qué?

Por haberse ido.

—¿Tú qué le dijiste?

Nada.

—¿Nada?

Me quedé sin palabras.

—¿Volvió a visitarte?

No. Nunca. Jamás regresó. Aunque en ese momento no lo sabía. Me dijo que regresaría en pocos meses que se hicieron años. Por ello, y en dicho proceso, se fue concibiendo el plan de la fuga. Me dijo que yo era lo que más quería en la vida, que yo era su adoración y que sin mí no viviría. Me dijo que volvería. Me dijo muchas cosas, pero todo era mentira.

—¿La extrañas?

Extraño el pasado. Cuando me abrazaba, cuando me protegía, cuando me quería.

—¿Qué pasó después?

Regresé a mi celda con el alma rota, mi mente quebrada y el espíritu hecho pedazos. Cerraba los ojos todo el tiempo, imaginando, imaginándola volver. Imaginaba que yo era lo que decían sus palabras. Te quiero más allá de las estrellas, más allá de las constelaciones y más allá de la última frontera. Todas las noches por ella suspiraba, pero en la tierra de su olvido yo siempre me encontraba. Siempre.

Me recuperé por completo de la rodilla y me integraron con los demás presos, al principio me mantenía alejado de todos y sentía que todos me acechaban con sus miradas, pero a la postre comprendí que sólo era curiosidad. Al segundo día llegaron a mí tres muchachos mientras leía. Me ofrecieron protección a cambio de ser el consejero de los líderes de su agrupación, Los Quetzales, la segunda pandilla más fuerte del reformatorio. ¿Por qué yo? La muerte del gigante Josué los había liberado de abusos y extorsiones.

—Además eres letrado —me dice El Chez, catorce años, robo con violencia.

Al tercer día, entré al comedor y todos se pusieron de pie. Llegué a mi lugar, entre los principales líderes, y hasta entonces todos volvieron a sentarse.

—Ya no tienes nada de qué preocuparte —me dice Conrado, dieciséis años, homicidio calificado—. Cualquier problema que tengas también es nuestro problema.

Asiento, agradezco a todos los de la mesa mi inclusión a su grupo y, mientras hago que como, no dejo de pensar en mamá. ¿Cuándo volverá? Nunca. ¿Nunca? Nunca jamás.

Cuando el sol se esconde.

 

Continúa 21

Autor: Serner Mexica

Filósofo por la UAM, estudió la Maestría en la UNAM y el Doctorado en la Universidad de La Habana. Fue Becario de Investigación en El Colegio de México y de Guionismo en IMCINE. En 2007 obtuvo el Premio Nacional de Dramaturgia EMILIO CARBALLIDO por su obra "Apóstol de la democracia" y en el 2011 el Premio Internacional LATIN HERITAGE FOUNDATION por su tesis doctoral "Terapia wittgensteiniana".

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