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12 Junio, 2017

DESDE EL INVENCIBLE - Julio "El César"
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Crespo, Meléndez y Godos

Ricardo Crespo Arroyo asumió la dirigencia del partido tricolor en el año 2012, a pesar de las críticas en su contra que inmediatamente se vieron validadas con la poca presencia, carencia de discurso, carácter intempestivo y falta de pulso político del pachuqueño.

Conforme pasaron los años, Crespo Arroyo aglutinó en la estructura del Invencible a personajes de poca monta que le valieron su salida del escenario político, pero eso sí: todos amasaron buenas fortunas durante dicha dirigencia que aún el día de hoy podemos ver reflejadas en restaurantes, taxis, escuelas, terrenos, casas, automóviles, mueblerías, spas, etcétera.

La prepotencia de Crespo Arroyo y su grupo los hizo gastar los días holgazaneando y construyendo sueños guajiros sobre los cargos por los que contenderían en elección popular, al grado de haber visualizado a su líder moral como gobernador del estado.

Este grupo enfoca su defensa en la gloria de los “carros completos”, siempre omitiendo el hecho de que eran calificados como un grupo irresponsable e inútil incluso en las filas olveristas, lo cual dio pie a que la dirección política del estado recayera en Fernando Moctezuma Pereda, en aquel entonces secretario de Gobierno.

Así es, amigo lector, el verdadero operador de los triunfos priistas fue Moctezuma Pereda, que no sólo poseía conocimiento pleno del partido en el que milita, sino que logró generar vínculos favorables con la oposición; de hecho, el mayor problema del diputado federal por Tula radicaba en la falta de compromiso del grupo Crespo, encargado únicamente del “papeleo” y entrega de informes, además de que el presidente constantemente se encontraba fuera de oficina en tremendas pachangas con personal administrativo.

Ricardo Crespo no tiene valía como operador político, sin embargo, debe reconocerse que sus buenas intenciones fueron minadas por el ejército de burdos consejeros que en pos de su avaricia terminaron bloqueándolo del exterior, erradicando en su totalidad el ánimo de imprimir nuevos bríos en el priismo hidalguense para dar paso a un personaje enquistado en la capital sin visión ni trabajo.

Mucho se habló en diversos análisis sobre los zánganos que rodeaban a Crespo Arroyo y que, lamentablemente, el día de hoy permanecen en espacios políticos con la garantía de arruinar prometedores futuros.

La salida de Ricardo Crespo fue aclamada por la militancia al ver destrozada toda estructura para dar paso a un minúsculo grupo de oportunistas sin compromiso político alguno y que, a pesar de sus intentos, no pudieron disimular su falta de arraigo partidista.

Nadie pensó que el Invencible podía sufrir otro descalabro en manos de Alberto Meléndez Apodaca y Emilse Miranda Munive, quienes arribaron como dirigencia tricolor en 2015 para generar trabajos suficientes rumbo a la “madre de todas las elecciones hidalguenses”, que en 2016 definiría gobernador, diputados locales y ayuntamientos.

Meléndez Apodaca arribó al Invencible como pocos lo han hecho: en medio de un fastuoso escenario, cobijado por el acuerdo de las fuerzas políticas y las esperanzas priistas cifradas en él.

Los primeros meses, dicen, recibió el asesoramiento puntual de Juan de Dios Pontigo Loyola, exsecretario general del CDE, con quien además comparte lazos familiares que aprovechó para cobrar venganza a sus enemigos jurados del grupo Crespo, haciendo parecer que las cosas marchaban con buen rumbo.

Meses más tarde hizo su aparición David Hernández Madrid como el operador político fuerte al interior del CDE PRI, haciendo gala del pragmatismo característico de los osoristas.

Fue el secretario de Operación Política, Ignacio Ibargüengoitia Franzony, quien decidió anteponerse como primer consejero de Meléndez Apodaca para implementar estrategias innovadoras que le brindaron suficiente confianza para salir de vacaciones durante el proceso electoral.

Finalmente, se concibieron los peores resultados electorales en la historia del tricolor, combinados con usos bastante dudosos de las finanzas del partido.

Meléndez Apodaca no se mostró realizando labor alguna hasta en los recientes meses, fue una figura escondida e inoperante pero que, en contraste a Crespo Arroyo, es calificado como un hombre afable y sencillo.

Pero la que supo sacar mayor ventaja como secretaria general fue Emilse Miranda Munive, quien colocó a su cuñado como alcalde de San Bartolo Tutotepec y cuidó a toda costa los intereses del grupo Rojo (al que pertenece), saliendo de toda responsabilidad con la excusa de incorporarse a las giras del candidato a gobernador para más adelante desvincularse discretamente de responsabilidades, permaneciendo como figura decorativa al lado del expresidente.

El término del periodo Meléndez-Miranda fue poco más que celebrado, ya que de posponerse su permanencia, dicen, hubieran acabado con el Invencible.

La inmensa responsabilidad ahora corresponde a Leoncio Pineda Godos y Erika Rodríguez, quienes arriban a uno de los cargos más “salados”, y están en el ojo del huracán por tener en su agenda la misión de mediar entre las fuerzas políticas del estado.

Leoncio Pineda Godos es exalcalde de Tepeapulco y exdelegado federal de SCT en Guanajuato; en su contra pesa una trayectoria controvertida sin dilucidar totalmente, la cual podría generarle problemas a futuro, mientras que su mayor atributo radica en la vinculación directa con el gobernador hidalguense y eso le permite ostentarse con fuerza política.

A pocos días de su llegada ya es cuestionada su permanencia, pues se ha esparcido como pólvora el rumor de que Pineda Godos saldrá a competir para ganarse una diputación federal. Si bien es cierto que puede tratarse de meras especulaciones, también lo es que crea un fantasma de temporalidad en su dirigencia y por tanto no termina de aterrizar su presencia ante la militancia tricolor.

El grave problema del PRI Hidalgo reside en la secretaria general, Erika Rodríguez, quien también se ostenta como diputada plurinominal en el Congreso de la Unión. Demasiados puestos para el mercenario Roberto Pedraza.

Erika Rodríguez es inteligente, preparada y comprometida, pero ser representante del partido más poderoso del estado debería ser tarea de tiempo completo.

La diputada plurinominal, dicen, arribó al Invencible con modos oscos y prepotentes “corriendo gente” de formas poco sensibles, lo cual ya exhibe su cercanía con los Pedraza, a quienes parece que les ha aprendido bastante.

Crespo y Meléndez le hicieron menudo favor a la oposición al desarticular el partido que para muchos militantes hace las veces de religión; la afrenta ha sido cobrada y la pecaminosa falta de respeto de sus colaboradores también. El pésimo papel de ambos es un hecho sin discusión.

Pineda Godos y Rodríguez Hernández están ahora en la complicada posición de concentrar en una sola causa la dispersa clase política, heredando un reducido margen de error y, sobre todo, la intrincada labor de discernir y neutralizar a los olveristas, que no ven con buenos ojos a ninguno de los dos.

No dudamos de la buena decisión de los tricolores al elegir a su dirigencia, solamente presagiamos una agitada guerra de guerrillas.

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