Las hijas de la memoria

No recuerdo si en participaciones anteriores he aclarado por qué elegí el nombre “Cuéntame, musa” para este espacio de charla con ustedes, pero en caso de que no haya sido así, me gustaría platicarlo ahora.

Las musas, en la mitología griega, son unas ninfas hijas de Zeus y Mnemósine que contaban con habilidades proféticas y se decía que eran capaces de inspirar –y proteger- toda forma de arte. Inicialmente, en la juventud del mito, la Musa era una, sin rasgos individuales o característicos, que era invocada como una representación de la inspiración genérica; sin embargo, con el paso del tiempo, las musas comenzaron a tomar fuerza en el ámbito mitológico como entidades que individualmente protegían e inspiraban un tipo de arte en particular: Calíope, la poesía épica; Clío, la historia; Erato, la lírica coral; Euterpe, la flauta; Melpómene, la tragedia; Polimnia, la pantomima; Talía, la comedia; Terpsícore, la danza y Urania, la astronomía.

El mito dice que Zeus se unió a Mnemósine durante nueve noches seguidas, engendrando así a las nueve musas, que nacieron todas en un mismo parto. Su genealogía es de suma importancia para su posicionamiento en la cosmovisión griega y aún en nuestra percepción actual: Mnemósine era una deidad entendida como la personificación de la Memoria, no de los recuerdos del hombre, sino la Memoria de la comunidad, de su pasado y presente, de lo que los hace únicos en su momento y en su lugar. Una Memoria con eme mayúscula, pues.

Mnemósine es hija de los titanes Gea (la Tierra) y Urano (dios primordial personificación del Cielo); con su origen toma más fuerza su importancia como La Memoria, porque no sólo desciende de los dioses primordiales, sino que se une a Zeus, padre de los dioses para engendrar a las deidades que tendrán el poder de influir en los hombres para que a través de sus obras preserven La Memoria. Algo medio enredado, ¿verdad?, pero no tanto si leemos entre líneas: estas hijas de la Memoria son las responsables de inspirar a Homero. que nos heredó su Ilíada y su Odisea; a Eurípides con sus tragedias, a Heródoto, padre de la historia, que nos legó sus volúmenes de “Historiae”… es decir, prácticamente son ellas el origen de muchas de las grandes obras maestras de la humanidad que de una manera o de otra, han sido repositorios de la memoria de una comunidad y que han asegurado su pervivencia aún en momentos y geografías en donde su origen y función ya no se viven,  sino que se perciben como parte de leyendas lejanas temporalmente.

Es posible que actualmente las musas sean solo recursos retóricos que se usan en canciones o poemas, sin embargo, a pesar de que comienzan a difuminarse en la neblina de la mitología, me pareció oportuno nombrar sus orígenes, pues me encanta invocarlas para buscar inspiración y en de esta charla con ustedes creí conveniente que juntos les preguntemos sobre lo que nos interesa saber.

Autor: Ana Martha Hernández Castillo

Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de las Américas Puebla y maestra en la misma disciplina por la Universidad Nacional Autónoma de México. Lleva 15 años en el ámbito de la gestión cultural en Puebla: desde el año 2001 como investigadora en el Museo Amparo, a partir de 2005 como subdirectora de Museos del actual Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla y desde 2009 como curadora y directora del Museo José Luis Bello y González de dicha ciudad. Actualmente trabaja en proyectos culturales de forma independiente. Es miembro del Seminario Reconocer del Programa de Investigación Especializada de la Colección del Museo de Santa Mónica en Puebla y ha participado en varios proyectos editoriales relacionados con la historia del arte, los museos y la gestión cultural.

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