Deshojando la Margarita

Crónica de una muerte anunciada era la candidatura de Margarita Zavala, que arrastraba el peso y las inconsistencias del Ejército en la calle, distintivo del mandato de su marido, Felipe Calderón.

Ni funeral ni epitafio

No merece mayor alusión la renuncia de Margarita Zavala, en realidad su campaña era menos que un bostezo, causaba sueño y era la réplica de lo que ella llamó “la presencia del Estado”, es decir, una copia de las palabras de Felipe Calderón. Quizá el único matiz es que ella es mujer y que intentó, de manera errónea, hablarle al género femenino y convencerlo de que su candidatura era una opción política, cosa que jamás fue.

Ni lagrimas ni recuerdo

La campaña de Margarita Zavala pasó inadvertida, salvo por tres desvelados que hablaban de las candidaturas independientes que, por cierto, no tienen ninguna posibilidad de llegar a la Presidencia, ya que el único vivo independiente le quiere mochar los cojones a cualquiera, lo cual, de antemano, ya le otorga la antipatía de muchos.

Desmargaritando el corazón

La defección de Margarita del PAN y su enfado abierto contra Ricardo Anaya marcan el final de su carrera política, no queda más que apagar la luz y dedicarse a otras cosas, quizá podría crear una fundación que ayude a las mujeres y con eso cobrar la notoriedad que desea y ocuparse de algo más que la dipsomanía por todos conocida y que es un pasaje oscuro de la vida política.

Deshojando la Margarita

Para Ricardo Anaya y José Antonio Meade, los votos que podría haber obtenido Margarita se han convertido en un apetitoso botín; tres o cuatro puntos porcentuales es mejor que nada, y para Anaya, que cuando la ocasión la pintan calva o para Meade en blanco y negro, esto es poco menos que un billete ganador de la lotería, por lo que: ¡van!

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.

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