René Juárez Cisneros, el bateador emergente

En las bocinas del parque el locutor anuncia un cambio en el orden al bat: sale Ochoa Reza, ingresa Juárez Cisneros. A menos de dos meses para el decisivo proceso electoral, el vapuleado equipo tricolor decidió, en plena campaña, mandar a las ligas mayores al débil bateador y peor guante, Quique “Rizos Definidos” Ochoa. El bajísimo porcentaje de bateo que apenas alcanzaba un penoso .200 obligó al alto mando a buscar a un torpedero más efectivo.

René Juárez Cisneros pertenece a la generación de priistas de cepa, de esos que presumen el uniforme y lo dignifican con coherencia, desempeño y sacrificio por el equipo de sus amores. Con la sabiduría acumulada por varias décadas en el juego, Juárez Cisneros es un probado veterano que ha librado toda clase de juegos despiadados y (casi siempre) ha entregado buenos resultados al equipo de los revolucionarios institucionales.

Desde sus tiempos de gobernador en Guerrero confundía con su manejo inteligente del juego a los mejores lanzadores del orbe; el sagaz y contundente bateador tiene la habilidad de colocarse en los dos lados del homeplate: pega del lado de los zurdos y de los diestros. De manos confiables en la defensiva, Juárez Cisneros es un utilitario, es decir, juega cualquier posición (de carácter, jardinero, shortstop y hasta pitcher), estos talentos ayudarán mucho a cubrir el interinato para relanzar al desabrido y descolorido Pepe Toño “Manos de Mantequilla” Meade.

La inclusión del “Superman de Chilpancingo” al equipo tricolor aporta mayor identidad y capacidad de operación que la desastrosa actuación del anterior dirigente. Ochoa Reza se había convertido en un jugador sucio y sin talento: golpeaba a los adversarios, especialmente a López, al que nunca llamó de otra forma, al grado de culparlo de todos los males de este país.

Ahora el rizado exdirigente buscará, desde las ligas menores, mejorar sus números si es que pretende llegar al máximo circuito. Una misión por demás imposible.

A pocos juegos de acabar la temporada presidencial aparece el estoico Juárez Cisneros con muy pocas oportunidades para remontar la pobre actuación de la franela roja.

Los nuevos retos del equipo tricolor serán apostar con una eficaz estrategia para ganar el juego definitivo el 1 de julio. La novena del PRI es experimentada, sin embargo, el deslucido cuarto bat no le pega ni a una piñata. Si como afirma el débil candidato presidencial “no hay plan B ni C”, entonces ni siquiera resucitando a Lázaro Cárdenas salvarían el hundimiento del averiado Titanic priista. Si no pudo el bateador designado, Reza, mucho menos el emergente Juárez Cisneros. Como dicen los zapateros: “Se hacen trabajos difíciles, no milagros”.

Autor: Mario Ortiz Murillo

Por vocación sociólogo, de placer periodista. Soy un adicto enfermizo a las buenas y malas películas, especialmente las de culto (para mí). Me considero plural y lucho, desde mi humilde tribuna, en el aula y en la prensa por promover la tolerancia. Fiel seguidor de los Pumas, el mejor equipo de México y de la mejor institución del mundo, la UNAM. Aunque mi verdadera pasión no está en el deporte de las patadas sino en los batazos y las atrapadas. El rey de los deportes, según mi filosofía, debería convertirse en el deporte nacional y mundial por decreto de la ONU. Cuando esto ocurra, prometo jubilarme y dedicarme a bolear zapatos y arreglar bicis.