La extraña liberación de Elba Esther

Para enojo de muchos y salvación de otros, Elba Esther Gordillo obtuvo su libertad. La sistemática oposición contra la reforma educativa de Peña Nieto le quitó los privilegios del régimen priísta, pero los tiempos políticos que siempre juegan a favor de la profesora también favorecieron su excarcelación. Inteligente y astuta como ninguna, supo jugar bien sus cartas; estableció desde su aparente reclusión la operación correcta y con el apoyo de sus múltiples contactos que se encuentran en todos los frentes de la vida política nacional, y reapareció sorpresivamente para recordarle a sus enemigos políticos -que últimamente se han multiplicado- que no estaba muerta, andaba guardada un rato, pero de forma milagrosa, tal como lo hizo Lázaro: resucitó, y automáticamente se puso al frente de los espacios de poder que nunca perdió.

Resulta curioso que en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), luego de su espectacular aprehensión, nadie en las filas se atrevió a declararla persona non grata, por el contrario: miles de maestros, es decir, la gran mayoría de docentes agradecidos, siguen suspirando por el triunfal retorno de la paternalista dirigente magisterial que ha conducido los destinos sindicales de los profesores en las últimas tres décadas.

En realidad, más allá de la detención, la carismática dirigente del sindicato más numeroso y poderoso del país ha sabido permanecer vigente en el sentimiento de sus agremiados, que le profesan eterno agradecimiento. Las acciones de la Secretaría de Educación Pública, que a toda costa se propuso implementar a rajatabla la impopular reforma educativa (que en realidad es una reforma laboral), encontraron la resistencia de sectores de docentes en el SNTE y fuera de él (CNTE), que gracias a los oficios de la lideresa se mantuvieron firmes en su negativa de legitimar el proyecto educativo de Peña Nieto, ese que en los cálculos originales de Emilio Chuayffet y Aurelio Nuño le garantizaría al mandatario su legado para mejorar la “calidad educativa”.

De forma paralela, en su cautiverio, la docente-controladora de la educación pública fue congraciándose con los hombres clave del partido político que desde entonces se vislumbraba como el sucesor del oscuro peñismo. Como lo ha hecho desde 1989 cuando Carlos Salinas de Gortari le entregó labdirigencia que le arrebataron a Carlos Jonguitud Barrios, la profesora se ha dedicado a construir un capital político que rebasa cualquier color de partido u organización. Diputada, senadora, presidenta de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), ha impuesto funcionarios y contratos colectivos que la han erigido como la mujer con mayor peso político en México.

¿Acaso no quedó claro quién era la mandamás de la educación en México cuando confrontó a la secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota? En esas disputas de damas, la dirigente sacó de la jugada a la funcionaria y le impuso directamente la agenda de educación básica al presidente Felipe Calderón. Sabedora de su fuerza política, influyó en los procesos electoralesx al grado de ser expulsada del partido que la formó, pero su inteligencia y capacidad negociadora la acercaron más a constituir una organización que ha sabido, como minipartido, negociar su fidelidad al mejor postor.

En todos los espacios de las élites, Elba Esther mantiene estrechas relaciones. En su defensa hoy pueden salir personajes como Jorge Castañeda, jefe estratégico de la campaña de Ricardo Anaya, o la maestra Olga Sánchez Cordero, próxima secretaria de Gobernación. El mismo Andrés Manuel es cauto cuando señala que no le gustó que se ensañaran con la profesora. En las filas de la izquierda le reconocen méritos en las negociaciones, fue ella ni más ni menos un factor clave para llevar a Vicente Fox al poder cuando constituyó el Grupo San Ángel, conglomerado de notables plurales que decidieron construir una plataforma para sacar al PRI de Los Pinos.

Elba Esther está de vuelta y no se va conformar en pasar sus últimos años tejiendo chambritas para sus nietecitos. Luego de este retiro forzoso, que en realidad fue como una estancia de esas clínicas popoff de regeneración molecular tipo spa que la llevaron a permanecer cinco años sin aparición pública, la profesora chiapaneca articulará un discurso y propuesta que resulte favorable al proyecto popular del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Como animal político, Elba Esther sabe adaptarse a los vientos del cambio, siempre y cuando se le garantice permanecer en el liderazgo eterno del sindicato educativo.

Nada en política surge de casualidad, mucho menos cuando se trata de la política mexicana, por eso, que en el día de entrega del acta de mayoría a López Obrador se dé el resurgimiento estelar de la profesora supone dos teorías: o los astros se alinearon para que la justicia divina iluminara a los jueces y en un acto de súbita humanidad aceptaran la liberación de la presa política, o los maquivélicos acuerdos de la poderosa dirigente obligaron a otorgarle la libertad en tan simbólico día.

Por otro lado, también hay que considerar a esos conspiracionistas que desde la política-ficción elaboran sesudas tesis sobre el mensaje de esta reaparición de la mujer que nunca perdió poder. Para estos creativos visionarios el equipo de transición promovió la excarcelación de la profesora porque le interesa construir una relación favorable con el magisterio ante el inminente derrumbe de la reforma educativa. Así, siguiendo esta versión, asumimos que también esa teoría cabe en el enrarecido clima político.

En síntesis, el extraño retorno de la profesora Gordillo permite el presagio de un viraje en la política educativa del sexenio que está por arrancar. Más allá de etiquetas partidistas, la figura de Elba Esther, muy conocida por Marcelo Ebrard -hombre cercano a AMLO- incrementa la sospecha de que al menos en este renglón el gatopardismo puede prevalecer en el modelo educativo nacional. Si Gilberto Guevara Niebla, próximo subsecretario y Esteban Moctezuma aplauden la liberación, seguramente aprovecharán los aprendizajes significativos para mantener la inercia de prácticas enraizadas que siguen estancando a nuestro país en el tercermundismo educativo.

Pero todo puede pasar, quizá la profesora aprovechó el tiempo de tan prolongada estancia hospitalaria para adecuar el sistema educativo a semejanza del de Dinamarca y emprender una verdadera revolución educativa. Veremos.

 

Autor: Mario Ortiz Murillo

Maestro en Estudios Regionales, realizó estudios de Marketing político y gubernamental. Académico, periodista y sociólogo urbano; amante de los mejores y peores lugares de la Ciudad de México, a la que pensó que le venía mejor rebautizarla como Estado de Anáhuac que CDMX. Desertor de la burocracia convencido de la poderosa energía de la sociedad civil y marxista especializado en la corriente Groucho (Marx). De profundas raíces fronterizas chihuahuenses, se siente más juarense que Juan Gabriel, aunque ninguno de los dos haya nacido en la otrora Paso del Norte. A punto de doctorarse, le ha faltado tiempo (y motivación) para lograr el grado. Observador de la política nacional e internacional que siempre le resulta un espectáculo más divertido que la más sangrienta de las luchas de la Arena Coliseo. Entre los personajes que más ha respetado en la política se encuentran Heberto Castillo, Arnoldo Martínez Verdugo, Valentín Campa, Carlos Castillo Peraza, Luis H. Álvarez, Olof Palme, Willy Brandt y Fidel Castro. Todavía sueña que en este país la izquierda merece una oportunidad para llegar a la Presidencia de la República; espera verlo antes de morir.

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