TLCAN, a expensas de Trump

Después de lograr el acuerdo entre México y Estados Unidos respecto a la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), la presión se trasladó a Canadá. Por las declaraciones y propuesta de cambiarle el nombre, es evidente que Donald Trump no tiene interés en profundizar la integración regional de América del Norte; él desea que las relaciones comerciales entre México y su país no impliquen avanzar en la conformación de un espacio de integración regional donde productos, servicios, capitales y fuerza de trabajo puedan circular libremente, no sólo porque es enemigo del libre comercio y de la globalización, sino porque culpa a ambos de la pérdida de empleos en su país por la deslocalización de las empresas.

Trump pretende ignorar el mandato que recibió del Congreso, el cual le autorizó renegociar el nombre del TLCAN y llegar a un acuerdo trilateral, pero ha dicho en reiteradas ocasiones que él es partidario de firmar dos acuerdos comerciales bilaterales, por separado, con México y Canadá. Realmente el presidente estadounidense tiene la intención de abandonar el TLCAN y esbozó en su conversación con el presidente Enrique Peña Nieto la posibilidad de llamarlo “Acuerdo comercial entre Estados Unidos y México”, una afirmación que señala el camino que seguirá con Canadá, que no participó en las últimas discusiones de más de un mes, y aunque fue invitado a formar parte del Acuerdo, fue bajo presión y las condiciones del presidente estadounidense, que pretende ponerlo de rodillas al darle sólo tres días para adherirse.

El primer ministro Justin Trudeau reaccionó de inmediato y se comunicó con los presidentes de Estados Unidos y México. La ministra de relaciones exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, viajó el martes a Washington para reanudar las negociaciones, mostrando la disposición de su país de salvar al TLCAN esta semana, tal como exigió el presidente Trump, pero advirtiendo que su país sólo firmará el nuevo acuerdo comercial si le favorece.

Quizá en un gesto de hipocresía, Donald Trump invitó a Canadá a sumarse al TLCAN mediante la firma de un acuerdo bilateral con los Estados Unidos o su integración al nuevo acuerdo con México, bajo el riesgo de enfrentar tarifas compensatorias estimadas en 25% en el sector automotriz; imponiendo sus condiciones obligándolo a que concluya las negociaciones este viernes, planteando que hay dos opciones: enfrentar los aranceles exorbitantes que impondrá a sus importaciones (acero, aluminio, automóviles, lácteos, agrícolas, madera, entre ellas) o aceptar el acuerdo que ha diseñado, y ha precisado que imponer aranceles sería mucho más simple para su gobierno. A todo ello, Chrystia Freeland respondió que no les asustan las amenazas de Trump.

Es verdad que el tema de la industria automotriz y las disputas entre México y Estados Unidos habían paralizado las negociaciones después de la octava ronda; sin embargo, hay muchas más cosas en juego. Raymond Bachand, jefe negociador de Quebec, no cree que las negociaciones sobre el TLCAN puedan concluir esta semana, como desea Trump, él cree que podrían tomar dos o tres semanas.

El representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, planteó el lunes que si las conversaciones con Canadá no concluyen este fin de semana, Trump informaría al Congreso que ha llegado a un acuerdo sólo con México, pero sigue abierto a negociaciones para que Canadá se una al acuerdo; lo cual facilitaría el proyecto estadounidense de poner fin al TLCAN y firmar dos acuerdos comerciales por separado con los dos países al sur y norte de su frontera, poniendo fin a la integración regional de América del Norte. Frente a ello, lo lógico sería que México rechazara firmar el acuerdo bilateral para evitar caer en la trampa del mandatario estadounidense.

El fin de la administración de Enrique Peña Nieto pondría presión a Canadá. El argumento es que Trump debe presentar el acuerdo al Congreso este viernes, a fin de cumplir con el período de revisión de 90 días estipulado y permitir que Peña Nieto lo firme antes de terminar su sexenio y ceder el paso al nuevo presidente, Andrés Manuel López Obrador, el 1 de diciembre.

Sin embargo, el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, dijo el martes que confiaba en que Estados Unidos podría llegar a un acuerdo con Canadá esta semana. Por lo pronto, los representantes de México, Canadá y Estados Unidos, Ildefonso Guajardo, Chrystia Freeland y Robert Lighthizer, en Washington comenzaban las deliberaciones tripartitas bajo la presión de la administración Trump para llegar a un acuerdo con Canadá, pero también bajo la solicitud de republicanos y demócratas que exigen que el acuerdo incluya a Canadá y continúe el TLCAN para salvar millones de empleos, tema sobre el cual coincide el futuro mandatario de México.

Recordemos que durante su campaña, Trump prometió acabar con el TLCAN por considerar que era un mal negocio para su país. Todo parece indicar que el presidente estadounidense hará todo lo posible para evitar que Canadá pueda reunirse con ellos y México, para poder firmar un tratado bilateral reformado sólo con México. Trump y su equipo de negociadores están preparando el terreno para sacar el as que siempre han tenido bajo la manga a lo largo de este año y medio de negociaciones, quizá el viernes notifiquen al Congreso del éxito logrado con México y de la probabilidad de que Canadá se una luego al acuerdo comercial.

Autor: José Luis Ortiz Santillán

Economista, amante de la música, la poesía y los animales. Realizó estudios de economía en la Universidad Católica de Lovaina, la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba. Se ha especializado en temas de planificación, economía internacional e integración. Desde sus estudios de licenciatura ha estado ligado a la docencia como alumno ayudante, catedrático e investigador. Participó en la revolución popular sandinista en Nicaragua, donde trabajó en el ministerio de comunicaciones y de planificación. A su regreso a México en 1995, fue asesor del Secretario de Finanzas del gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, y en 1998, fundador del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.

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