La comprensión ontológica 53

Tras escribir hasta el agotamiento exhaustivo, intenso y, agudamente total, perdí la vigilia por un sueño que, a pesar del cansancio, tardó mucho en llegar.

No quiero dormir.

Finalmente, entre las sombras del recuerdo, la luz de la sabiduría y el misterio de la reflexión inconsciente, me sumergí en el filosófico diálogo con mi hermano:

¿Hay verdad en la falsedad?

Y falsedad en la verdad.

¿Hay bien en el mal?

Y mal en el bien.

¿Hay belleza en la fealdad?

Y fealdad en la belleza.

¿Y la sabiduría? ¿Hay ignorancia en ésta?

Sólo si se reconoce.

Lo extraño.

 

53.1     Por la mañana recorrí la huerta, tocando los árboles y sus hojas, sus ramas y sus flores. Las texturas del alma. El clima perfecto, la frialdad temprana equilibrada con el tierno calor del sol. El alma del universo. Me quité los zapatos, los calcetines y anduve descalzo sobre el pasto. El universo de mi ser. Llegué a un lindero, un sembradío de frijol y, después de atravesarlo teniendo cuidado de no pisar ni la más mínima hoja, descubrí un extenso potrero. Mi ser y devenir. Varios chicos y chicas practicaban equitación. Mi devenir y hacer. Me senté en una inclinación de pasto detrás de unos arbustos para no llamar la atención, saqué uno los cigarros que encontré en la cabaña y me puse a describir en mi cabeza el espacio, los sujetos y las acciones.

Mi hacer.

¿Qué hago aquí? ¿Dónde estará Constanza? Tengo que ir a firmar al juzgado. ¿Dónde estoy exactamente? Lo único seguro es que estoy en la sierra. ¿Esta será su familia? Constanza me dijo que con ellos podía esconderme, pero qué sentido tiene hacerlo ahora que…

Hija de la chingada.

Sin revelarme, advertirme o adelantarme nada, planeó mi fuga del proceso con el objetivo de, supongo, esconderme en lo que cumplo dieciocho y, según ella, así poder recibir sin ningún problema la herencia de mi abuelo. No sobra recordarles que le prometí un porcentaje, incluso firmé el acuerdo ante notario y son sus abogados los que trabajan en que lo anterior se cumpla efectivamente.

No era necesario que me mintiera, si me hubiese explicado yo habría aceptado y, aunque lo único bueno de su engaño, posteriormente pude pasar la prueba del polígrafo cuando me preguntaron si yo había violado el acuerdo de libertad bajo caución de manera libre, voluntaria y consciente.

La clase de equitación ha terminado, me recuesto boca arriba y, observando el sol ocultándose por los árboles, pienso en mis últimos apuntes.

Sobrevivir.

Me retiré del lugar, volví a la cabaña y, acompañado del negro Reyes, me esperaba el licenciado Puig en la puerta quien me avisó que comería con la familia del patrón y, posteriormente, podría conversar con él.

—¿Y mi prima?

—Constanza viene hasta la próxima semana.

—¿Y quién me puede explicar lo que pasa?

—El patrón.

—¿Y el patrón tiene nombre? —le pregunto, ríe y responde:

—Sé puntual, la familia come a la tres en punto —y se retiró.

¿Hasta las tres?

—Ni siquiera he desayunado —apenas dije.

Ayer tampoco cené.

No importa, encendí otro cigarro y quise seguir escribiendo; sin embargo, ya no había espacio en la pared del cuarto, la tonalidad blanca habíase cambiado por uno negro con abstractas figuras blancas como los espacios que las letras no cubrieron por completo del hipnótico espacio.

Tengo que conseguir un cuaderno.

Mientras tanto escribía en mi mente, relacionando el individualismo frenético del pensamiento nietzscheano con mi intenso presente incierto, mi providencial futuro sin destino y, hermenéuticamente, un trágico pasado filosófico que me grita todo el tiempo.

 

53.2    La mesa del comedor principal de la hacienda El Mandarino es tan larga como una cancha de tenis, me sentaron como a la mitad junto a los otros chicos de la equitación, las chicas se sentaron al frente y en la cabecera la esposa del patrón, una mujer joven y, además de bonita, muy agradable. La señora Magdalena.

Las tres chicas que conocí ayer me miran, ríen y cuchichean.

Me siento solo.

Yo me mantengo reservado, no miro a nadie y sólo hablo lo necesario.

Muy solo.

La comida increíble, abundante y diversa en todos los sentidos, muchísimos platillos y una gran variedad de postres al final. Terminamos y chicos y chicas se pusieron de pie, algunos le preguntaron algo a la señora Magdalena y se retiraron bromeando entre ellos. Vera, la niña que me reclamó el día anterior, me estaba mirando y, al sonreírle por amabilidad, me ignoró groseramente.

Completamente solo.

Me quedé en mi lugar inmóvil, el comedor se vació y, después de un par de minutos, entró Puig buscándome:

—¿Qué haces aquí?

—Cavilando —contesté sereno.

—¡Te está esperando el patrón!

—Nadie me dijo nada.

—¡Vamos!

 

53.3    Parágrafo 207 (pared de la cabaña):

Comprender el sentido ontológico de la relación verdadero-falso es una característica de la sabiduría, así como entender el equilibrio entre el bien y el mal y/o conocer la armonía entre la belleza y la fealdad.

Parágrafo 208:

La sabiduría es, en esencia, sensibilidad.

 

Continúa 54

Autor: Serner Mexica

Filósofo por la UAM, estudió la Maestría en la UNAM y el Doctorado en la Universidad de La Habana. Fue Becario de Investigación en El Colegio de México y de Guionismo en IMCINE. En 2007 obtuvo el Premio Nacional de Dramaturgia EMILIO CARBALLIDO por su obra "Apóstol de la democracia" y en el 2011 el Premio Internacional LATIN HERITAGE FOUNDATION por su tesis doctoral "Terapia wittgensteiniana".

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