A nadie le conviene que AMLO fracase

El line up y orden al bat está listo. AMLO armó un equipo que en el diseño del torpedero olmeca busca hacer historia. En tres semanas veremos si los convocados a esta novena de oro son esas  estrellas en cada materia que el carismático nos vendió como si fueran los mismísimos Yankees de Nueva York que de 1936 a 1941 ganaron en seis años cinco series mundiales. Aquellos bombarderos del Bronx tuvieron a Lou Gehrig y a Joe DiMaggio como guerreros del diamante que tras el retiro de Babe Ruth, en 1935, tomaron la estafeta que les legó el bambino de oro para mantener a los mulos de Manhattan en la primacía de las Ligas Mayores. Si López Obrador busca alcanzar un sitio el salón de la fama, deberá rodearse de jugadores de gran calidad que además prediquen la humildad trabajando por el equipo. Me pregunto si en ese gabinete que todos conocemos los resultados esperados se alcanzarán, porque ese naciente equipo que poco sabe de gobernar un país cuenta con los arrestos para responder a las altísimas expectativas y convertirse en lo inmediato en esos peloteros estelares que deciden los grandes juegos, que en este escenario sexenal han profetizado como “la cuarta transformación”.

En el papel varios de los próximos big leaguers lucen apenas como prospectos, promesas que todavía no han sido probadas en el máximo circuito, es decir, como ingenuos novatos de ligas menores. En esa lista pública hay más dudas que certezas. ¿Acaso alguien puede decirnos qué criterios se tomaron en cuenta para reclutarlos?, ¿son los mejores en su posición con la consistencia para resistir los embates de esa temida mafia del poder?, ¿los mueve el amor a la patria, su devoción a AMLO o un deseo mezquino por enriquecerse en el cargo?

Con el realismo que dan los numeritos de cada jugador podemos afirmar que muy pocos son los que cuentan con trayectoria y talento natural para lucir en el campo y resistir una larguísima odisea en la que no se puede improvisar. Como ocurre en los equipos grandes, deseamos que ya sean los jugadores de cuadro, como los jardineros aparezcan esos jugadores pivote, esos valientes que sudan la camiseta, que corren a primera con la intención de embasarse a sabiendas de que ese roletazo se convertirá en out automático, esos jugadores que son la inspiración porque a base de pundonor, inteligencia y amor a la franela entregan todo en el campo y nunca se rinden. También serenos pitchers que contengan las críticas y la ofensiva de odio de clase y golpes bajos que la derecha y la corrompida clase política dinosáurica tricolor tratará de reventarlos desde que se grite el play ball este 1 de diciembre.

En el beisbol los errores se pagan muy caro, en la conducción del país éstos deben reducirse al máximo, por ello cada uno de los jugadores del diamante y los jardines deben ir por nota a la defensiva, avanzar cada entrada sin dejar demasiadas carreras sucias y si es necesario, entonces superar en carreras al rival y no buscar la blanqueada, simplemente el triunfo a toda costa. Los equipos suelen tener fortalezas y debilidades, sin embargo la adecuada colocación del orden al bat, de realizar los cambios correctos antes de que se produzca una crisis o, en su caso, tomar la decisión de ir por el relevista, el bateador emergente o el sustituto para correr los senderos deben ser tan preciso como un juego de ajedrez en el que cada jugada se piensa en todos sus posibles escenarios.

Se acabaron las especulaciones, los golpeteos y bravuconadas de pretemporada, comenzó la temporada hacia la gloria o el infierno. Cada juego se trabaja a diario, serán demasiadas batallas y como equipo triunfador deberá obtener al menos más triunfos que derrotas, superar la frontera del .500; hay que aprender de los reveses y aprender a ganar con humildad, sólo así se encontrará la curva de ascenso que confirme a la mayoritaria afición que vitorea al Peje jonronero tomó la mejor decisión y esa prometida “cuarta transformación” logrará imponer la justicia social, la equidad, la repartición de la riqueza, se desterrará la corrupción y se combatirá de forma efectiva la inseguridad. Si el equipo moreno logra cimentar una estructura para refundar una nueva sociedad, nadie podrá negar un reconocimiento unánime a los artífices de la cuarta transformación. Si los resultados convencen, como los poderosos Yankees, Morena y los pejistas podrán eternizarse en el poder, con diferentes líderes cada sexenio. Si por el contrario, con el respaldo popular, el Congreso y la presidencia los resultados son magros y las desigualdades e inseguridad persisten, será una gran desilusión generalizada que presagiará la última gran oportunidad de la izquierda para dirigir los rumbos de la nación. Confiamos en esforzado rendimiento y que los jugadores que llegan al máximo circuito hagan leyenda como el mejor equipo de siglo XXI.

Autor: Mario Ortiz Murillo

Por vocación sociólogo, de placer periodista. Soy un adicto enfermizo a las buenas y malas películas, especialmente las de culto (para mí). Me considero plural y lucho, desde mi humilde tribuna, en el aula y en la prensa por promover la tolerancia. Fiel seguidor de los Pumas, el mejor equipo de México y de la mejor institución del mundo, la UNAM. Aunque mi verdadera pasión no está en el deporte de las patadas sino en los batazos y las atrapadas. El rey de los deportes, según mi filosofía, debería convertirse en el deporte nacional y mundial por decreto de la ONU. Cuando esto ocurra, prometo jubilarme y dedicarme a bolear zapatos y arreglar bicis.






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