Chile: historia de una herida social

Carlos Barra narra la persecución política en Chile, como víctima directa de la historia.

En esas mismas calles que fueron ensangrentadas por la bota militar de una cruenta y brutal dictadura, se abrieron las grandes alamedas y el pueblo libre cantó: “¡Venceremos!”, mientras las lágrimas se precipitan en los ojos de millones de chilenos que narran la historia de una herida social.

La tradición democrática en Chile, invariablemente, ha estado pletórica de crímenes de Estado y persecuciones sociales para proteger a las élites económicas y salvaguardar sus intereses y privilegios.

En 1973, el 11 de septiembre, el ejército chileno se levantó en armas en contra del gobierno democrático de Salvador Allende Gossens, auspiciado por el gobierno norteamericano que intervino de forma directa porque el gobierno de Allende había tocado sus intereses en la gran minería, telecomunicaciones como en su capital financiero; unido, desde luego, a la burguesía nativa que, apoyada en su clase política, habría de instaurar una dictadura militar de tal brutalidad que en nuestros días sigue siendo el icono de la barbarie social en el cono sur.

El tiempo no ha podido borrar en Chile los campos de concentración, los crímenes, la tortura y el exilio, porque no se puede acallar una herida social, porque no se puede eliminar el genocidio y la barbarie, porque la brutalidad del carnicero deja huellas indelebles en la memoria de los pueblos.

Yo soy un testigo de la persecución de mi padre por la dictadura militar, al igual que de muchos chilenos que conocí en el exilio y en mi propio país; yo viví un exilio opresivo y lapidario, cruento y despiadado y soy parte de esa historia de una herida social.

Empero, la historia de los pueblos siempre abre caminos para su reivindicación y de manera irónica suele castigar el crimen, la felonía y la traición, tal como ocurrió el 25 de octubre en el plebiscito de este infausto año 2020 para nuestra humanidad donde, en Chile, las últimas palabras del presidente Salvador Allende Gossens en su discurso “Las grandes alamedas”, vaticinó con una visión política de estadista que el pueblo chileno habría de reivindicar su lucha por la libertad, arguyendo: “Tengo fe en Chile y su destino superará otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse… Sigan ustedes sabiendo que más temprano que tarde, de nuevo, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

Hoy, Salvador Allende Gossens es historia viva en cada minúscula parte de Chile y sus palabras que castigaron con una sentencia moral a la dictadura se han vuelto realidad por la vía democrática.

 

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Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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