La mariposa nocturna

Atenta, debajo de la luz tenue, conversa y fuma un cigarrillo; la noche se disipa ante los reflectores de los faros de los automóviles que pasan a baja velocidad para mirar la carne como perros en carnicería. Ella sonríe, a veces de manera mecánica, en ocasiones como estrategia de empatía para que el cliente potencial se convierta en efectivo.

De pronto el negocio se incrementa en la medida que transcurren las horas, se detiene un vehículo y se oye una voz: “¿A cuánto el palo?”, la mariposa dice: “600 pesos la venida y el hotel corre a cargo de ti, guapo”; el parroquiano acepta y ella se trepa en el auto.

El trayecto es corto y alocado, el tipo pisa fuerte el acelerador y llegan a un motel con destellos azules y con una bocina del que emerge una voz que pregunta: “¿Habitación sencilla o con jacuzzi?”, el parroquiano responde: “Sencilla”; se abre la pluma e ingresan, entran a la habitación y ella le dice: “Tengo condones de ultrasensibilidad, te cuestan 30 pesos”, sin que termine la oración el sujeto la comienza a insultar: “Puta de mierda, te vas a comer mi pito sin condón y por el culo”; la mariposa forcejea, pero él es más fuerte, la pone de rodillas y ella grita.

La mariposa abre los ojos y el dolor de cabeza la marea, tiene un golpe en la frente, el hombre no está y se ha llevado su bolso, entonces se oye el requerimiento de la camarera: “Tiene que desocupar su habitación”; la mariposa contesta: “El cabrón que me contrató me golpeó y se llevó mi bolso, ¿cómo me voy a regresar?”; le contestan: “A mí me vale madre, sólo me pagan por limpiar el cuarto, arréglatelas como puedas, las putas como tú siempre tienen un amigo que venga por ellas”; la mariposa solloza: ”Hasta mi celular estaba en la bolsa, ¿cómo chingados llamo a alguien?”.

Se abre la puerta y el encargado grita, “¡Pendeja, te tienes que largar, así que a chingar a su madre!”. La mariposa se incorpora, aún no tiene el equilibrio y la fuerza para sostenerse, pero hace un esfuerzo y da unos pasos; la camarera y el encargado se ríen y le dicen: “¡Ya ves, eso te pasa por andar de puta!”. Corren lágrimas por las mejillas demacradas de la mariposa y abandona el lugar, tiene que caminar varios kilómetros hasta llegar a su casa.

Ella toca una puerta de metal en una vecindad, aparece un niño de unos ocho años, que abre los ojos y le pregunta: “Mamita, ¿qué te pasó, te caíste?”, ella lo abraza y contesta: “Sí amor, las calles son peligrosas, llenas de baches… pero desayunemos, estoy cansada y deseo dormir”, el niño contesta: “Sí mamá, ya preparé el desayuno”.

La noche se posa en la mancha de asfalto y cristal, la oscuridad sólo es interrumpida por las luces de los vehículos; la mariposa está en su lugar, se detiene un vehículo y el conductor pregunta: “¿A cuánto el palo?”.

Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.



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