¿Qué sigue a la tragedia de Tlahuelilpan?

Las horas transcurren y el peso abrumador de la tragedia de Tlahuelilpan no puede ser borrada de la mente; el imaginario colectivo sigue en estupor, el dolor aumenta exponencialmente en la medida en que los decesos se incrementan y la pesquisa de las responsabilidades se convierte en rabia y odio, inclusive, de aquellos que participaron en el desastre y, que hoy, tienen a un familiar, vecino o conocido muerto.

¿A quién culpar?

Es evidente que la sociedad a nivel nacional exige rendición de cuentas y la búsqueda del fincamiento de responsabilidades de quienes tenían que prever, proceder y contener el evento, pero ante el desbordamiento social que se presentó en el lugar, la misma cantidad de personas que intentaban robar el combustible crea una estela de “Fuente Ovejuna”, es decir el velo de la muchedumbre no solo le cubrió la cara a quienes se beneficiaron de este hecho delictivo, sino que también hizo “ninguno” el rostro de los cientos de personas que participaron.

De igual manera, el mismo dolor social esconde muchas cuestiones y todavía la reacción de rencor y encono hacia las autoridades no se hace presente con la fuerza que puede tomar, pero como el acontecimiento era un hecho delictivo, tampoco les otorga autoridad moral a los partícipes como para poder actuar, inclusive, muchos de ellos esconden la cara y se esconden, victimizándose o negando responsabilidad, pero los lugareños vieron a muchos de los que participaron y ello no se puede esconder, como no se puede engañar a la conciencia.

Es precisamente el hecho de que la tragedia de Tlahuelilpan procede de un hecho delictivo, porque nadie puede ser tan ingenuo o absurdo para sostener la hipótesis de que “estaban regalando gasolina”, ¿Quiénes estaban regalándola?, si ni siquiera el Presidente de la República tiene la potestad de regalar nada que le pertenezca a la nación, por lo que lo único que queda reconocer es que hubo una actitud de pillaje que a la postre nadie pudo contener.

¿Nadie pudo contener lo sucedido?

Sí, se podía, desde la misma sociedad civil impugnando este tipo de “modus vivendi”, ni la pobreza ni la riqueza justifica el robo; también con mayores prevenciones y actuación de la paraestatal PEMEX; de igual manera con autoridades públicas conscientes y resueltas a actuar; pero por sobre todas las cosas, con una cultura cívica que permita entender que se debe respetar el derecho ajeno y el público y, que hay que cambiar al país iniciando por redistribuir la riqueza y favorecer a los que menos tienen, aplicando la justicia y generando justicia social, solo así se evitará que la rapiña haga presa a la sociedad.

Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.







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