Radiografía de la oscuridad

La tragedia de Tlahuelilpan devela que el gobierno y que todo gobierno tiene un contrapeso en los poderes fácticos, cuya oscuridad es el mejor escenario para poner en jaque no sólo a la administración pública de un país, sino también a su sociedad.

La radiografía de la oscuridad sólo nos muestra destellos de lo que las fuerzas fácticas y su poder que se dejan ver en toda sociedad. Ella encierra el deseo de controlar, direccionar y atropellar la legalidad, no el orden civilizatorio como fuente y suministro de las lógicas de producción y consumo, sino hacerlo suyo desde otras reglas del juego que son capaces de imponer conductas sociales que naturalizan el robo, la violencia, la fuerza más allá de las estructuras del Estado.

Los poderes fácticos no son nuevos, pero sus prácticas se renuevan en todo orden sistémico; juegan con las zonas blandas de una sociedad, con sus carencias, anhelos, frustraciones y deseos que, habitualmente, no provee la sociedad lineal, porque el Estado en que nos desarrollamos es asimétrico en la distribución y generación de oportunidades, esto lo hace desde su legalidad y basamento jurídico, por lo que pone en predisposición la búsqueda de los apetitos y las necesidades sociales.

¿Por qué putas tenemos pobreza?, porque es producto del control político de élites por medio del Estado sobre la sociedad, no porque los más seamos pendejos y los menos, inteligentes.

Somos presas de estructuras políticas que responden al control de élites de poder, esto no es nuevo, por lo que la delincuencia y las conductas proclives son engendradas y materialmente empujadas por aquellos que contralan el poder, lo que no sólo justifica el proceder delictivo, sino que también lo explica perfectamente.

Hoy que nos tragamos amargamente la tragedia de Tlahuelilpan, ¿por qué no cuestionar e impugnar a quienes han generado la pobreza y la desigualdad en México?

Históricamente se ha vulnerado no sólo en México, sino en el planeta, a los que menos tienen, pero estos no se revelan, porque la violencia de Estado es cabrona y matona, lo mismo en las Actas Marusia que en Cananea. Si el Estado quiere acabar con la delincuencia organizada o no, debe empezar por generar otra estructura jurídica que realmente ampare a todos, generando oportunidades para todos; debe acabar con los pobres, pero no matándolos de hambre, angustia y desolación, sino creando un Estado que dignifique a los seres humanos y evite que unos cuantos se sirvan del trabajo mal pagado, explotado y miserable de las mayorías.

Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.







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