La defección y éxodo de Benjamín Rico Moreno, que se suma a una interminable lista de expriístas en Hidalgo, es el fiel reflejo de los estragos antidemocráticos que, por décadas, pavimentó el anquilosamiento de la clase política del antiguo régimen, su involución política y la erosión del pueblo que alguna vez creyó en los postulados reivindicatorios de la Revolución y que, en los hechos, jamás se edificaron, salvo para la élite política del PRI y la metáfora del PAN, donde hubo alternancia política, pero jamás cambio político.
La involución del PRI Hidalgo
En una clara disidencia, Rico Moreno se encuentra capitalizando su trabajo político que por años lo marcó como un priista combativo, pero que no tuvo los reflectores o espacios como Carolina Viggiano, Miguel Osorio Chong, Francisco Olvera u Omar Fayad.
En este trazo, la involución del PRI Hidalgo que ha expuesto Benjamín Rico debe ser traducida desde el análisis crítico.
I. Un partido de cúpula
La precaria y escasa capilaridad y movilidad de cuadros políticos en el PRI Hidalgo fue producto de una estructura vertical de cúpula, que se aseguró de generar mecanismos de concentración del poder. En este trazo, las prebendas para mantener a sus cuadros medios fue un juego que también marcó un clientelismo político, que hoy es ampliamente perceptible en las y los personeros que engrosan la desbandada tricolor que, en un negacionismo sórdido, Marco Mendoza, líder del PRI Hidalgo, no asume.
El peso y anquilosamiento de la cúpula del PRI Hidalgo generó, a la postre, desánimo desde la antidemocracia partidista en su base militante y simpatizantes, que hoy están ausentes y que han dado un golpe en la mesa con su rechazo al tricolor.
II. La horizontalidad política
En el análisis crítico, el PRI Hidalgo jamás fue un partido de masas.
La horizontalidad política en el tricolor para privilegiar el diálogo e interlocución con su base militante y con la ciudadanía jamás existió, al grado que la participación en la toma de decisiones se erigía desde la cúpula a la base militante pero jamás a la inversa.
Paulatinamente la base militante y la ciudadanía sufrieron duros golpes de la cúpula vertical del tricolor. El éxodo masivo y la desbandada política han dejado, como dice el tango, “hondas huellas de dolor”; cuestión inaudita en un partido que se calificaba como “revolucionario”, cuestión criticada ampliamente por la creciente hueste en defección política como Benjamín Rico.
III. El partido hegemónico…de la ciudadanía
Si bien es cierto que, como señala Giovanni Sartori, el PRI era el partido hegemónico pragmático, era hegemónico porque mantuvo el poder con incursiones de control social antidemocráticas tanto con sus cuadros políticos como con la ciudadanía. Su hegemonía no era otra cosa que la supremacía vertical de sus gobiernos y su partido. Era pragmático porque jamás construyó una ideología política sino retóricas que se repetían en discursos huecos y vacíos con clichés como “la revolución te hará justicia”.
Sin lugar a dudas la lapidaria defección de Benjamín Rico se une a la radiografía política de un partido que le dio la espalda a la ciudadanía en una perspectiva de hegemonía antidemocrática y que en Hidalgo ya no acapara los reflectores mediáticos, porque ha pasado del protagonismo hegemónico a la indeterminación política.





