Nadie sensato podría negar la aportación cultural de la Fundación Arturo Herrera Cabañas, ni el peso simbólico que ha tenido durante casi tres décadas en Hidalgo. Pero una cosa es el prestigio construido y otra, muy distinta, el cuidado político y jurídico de un bien público que, a pesar de los años, nunca dejó de serlo.