Con una receta distinta, pero manteniendo una nómina fuera de Liga, los Diablos Rojos obtuvieron el bicampeonato tras derrotar en cuatro juegos a los sorprendentes Charros de Jalisco.
El equipo comandado por Lorenzo Bundy terminó la temporada como líder del sur con marca de 63-25, cifra ligeramente inferior al récord del año pasado (71-19).
Durante la campaña, Bundy tuvo que ingeniárselas para suplir las ausencias de Trevor Bauer y Erik Leal. Probó con brazos de números engañosos como Justin Courtney (4-0), Wilmer Font (4-1) y Deolis Guerra (4-0), hasta que volvió a confiar en viejos conocidos como Ricardo Pinto, Brooks Hall y Jimmy Yacabonis.
En el relevo, tras la salida de figuras invernales como Stephen Nogosek y Trevor Clifton, el japonés Tomohiro Hanraku asumió el rol de cerrador y terminó como líder de rescates (22), respaldado por el dominicano Jean Carlos Mejía.
La ofensiva nunca fue un problema. Robinson Canó lideró como productor con 86 impulsadas y 14 jonrones. El inesperado campeón bateador fue Carlos Sepúlveda, con .395 de promedio, pese a batear casi siempre en la parte baja del orden. En tanto, Julián Ornelas se consagró como máximo jonronero del club (19 HR, 80 CI) y el capitán Juan Carlos Gamboa firmó una gran temporada con .376.
La diferencia llegó en los movimientos de cierre: la incorporación del veloz jardinero Allen Córdoba, líder en robos, y el receptor venezolano Carlos Pérez, quienes fueron determinantes durante los playoffs para sellar el título.
Por: Jorge Carrasco V.
Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Periodista activo desde 1981 en diversos medios. Especialista en temas internacionales, deportes y espectáculos. Autor de biografías sobre Pedro Infante y Joaquín Pardavé de Editorial Tomo.







