El fracaso del golpismo en Hidalgo

El fracaso del golpismo de las fuerzas de la derecha en Hidalgo marca el punto de quiebre de sus estrategias de choque, que ya ha sido derrotad,; lo próximo es el abandono masivo de capitales y grupos de élite que intentarán presionar desde la economía, lo que no pudieron obtener desde la violencia orgánica en México.

La abrumadora derrota política de las fuerzas de la derecha, que ha dejado el abierto rechazo a la revocación de mandato del gobernador Julio Menchaca en Hidalgo, perfila un análisis político sobre el destierro de la sistemática beligerancia antidemocrática que niega el PRIAN frente a su metamorfosis desde los grupos de choque que intentaron hacerse pasar como sociedad civil en rebeldía.

 

No pueden quedar atrás en este escenario el intento golpista de Marea Rosa y, mucho menos, el de la Generación Z e Izquierda Unida Hidalguense.

 

Existe un axioma desde la ciencia política en el análisis de los grupos de choque que Antonio Gramsci perfiló en el análisis del fascismo italiano que a la postre fue revitalizado en diferentes momentos por grupos de choque en América Latina: la violencia orgánica.

 

La violencia orgánica

 

La serie de sucesos encadenados de violencia orgánica de las fuerzas golpistas de la derecha y del extravío político de Izquierda Unida Hidalguense condensan una interacción premeditada, que merece bosquejar los hechos de una estrategia de violencia política y social desde el PRIAN, que fue concertada desde las élites del poder económico y político en México.

 

I. El golpismo como estrategia de ruptura política

Frente a la impotencia e impericia mostrada en la conducción política del PRIAN, las élites, tras bambalinas, empujaron a una reacción de violencia organizada y orquestada pagada y auspiciada para que desde contingentes desorientados de la “sociedad civil” crearan un clima de reacción a los avances del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.

 

Detonantes como la aprobación ciudadana de la gestión del gobernador Julio Menchaca en Hidalgo aceleraron el proceso de descomposición de la derecha e impulsaron la airada respuesta golpista hacia la revocación de mandato que, finalmente, fue abortada por la ciudadanía.

 

II. La violencia orgánica como forma de coacción política

Eventos como la agresión artera de Alejandro Moreno a Gerardo Fernández Noroña en el Senado y su difusión mediática en la maquinaria mediática derechista trazaron la diseminación de una violencia orgánica que intentó coaccionar a la gestión morenista de la presidenta Sheinbaum Pardo, tratando de sembrar una estela de temor sobre la ciudadanía.

 

En Hidalgo, el crimen del alcalde de Pisaflores, Miguel Bahena, trató de ser utilizado en una extrapolación de realidades sin conexión alguna; concretamente, utilizando el lamentable atentado al alcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo, en el trazo de que una “diseminación” de la delincuencia que los gobiernos morenistas no han podido controlar e, inclusive, queriendo culparlos de impericia y corrupción.

 

III. Las grietas del radicalismo de izquierda

Como las calamidades nunca vienen solas, en Hidalgo, el radicalismo de izquierda en su apego tribal de violencia orgánica trató, desde el grupo de choque de Izquierda Unida Hidalguense, de imponer el anacronismo de la política de golpeteo que Morena ha desechado desde la amnistía y apertura política, cuestión que reivindica la legitimidad del proceso de revocación de mandato que difundió ampliamente el gobernador Julio Menchaca y que, en un frenesí absurdo, Tonatiuh Herrera intentó dar vuelta el sentido de este instrumento democrático como una ojiva política golpista.

 

El fracaso del golpismo de las fuerzas de la derecha en Hidalgo marca el punto de quiebre de sus estrategias de choque, que ya ha sido derrotada, lo próximo es el abandono masivo de capitales y grupos de élite que intentarán presionar desde la economía, lo que no pudieron obtener desde la violencia orgánica en México.