La semana pasada Moody’s, la calificadora de riesgo de Wall Street, bajó la calificación de la deuda soberana de China y todos los medios hicieron eco. Este es un hecho sin precedentes para un país que ha sido la locomotora del crecimiento mundial en todos estos años de crisis del capitalismo.
La respuesta de Beijing fue inmediata: en horas, el Ministerio de Hacienda calificó la metodología de la agencia como inadecuada, y señaló que carece de entendimiento de las leyes y reglamentos chinos. Los medios de comunicación estatales y los investigadores gubernamentales intervienen para desacreditar el análisis de Moody's.
Sin duda, para el nuevo centro del mundo capitalista la rebaja en la calificación de su deuda ha sido un balde de agua fría. Pese a ello, Beijing ha afirmado que todo está bajo control y continúa poniendo en marcha las reformas adoptadas para preservar la estabilidad financiera en China y reducir los riesgos; pero pese a ello, Moody’s ha expresado su preocupación por el crecimiento de la deuda de la segunda economía mundial, “pues las reformas no bastan para detener el endeudamiento creciente”.
La agencia calificadora señaló que la fortaleza financiera de China se está erosionando y el próximo año será más evidente el deterioro, pues la deuda total sigue incrementándose mientras que el potencial de crecimiento se está desacelerando.
Pero más que un SOS sobre el crecimiento en China y el éxito de las reformas, todo parece indicar que se trata de una medida de presión sobre el presidente Xi Jinping, que ha sido criticado por no hacer lo necesario para poner fin a los desequilibrios de la economía china, a pocos meses del próximo Congreso del Partido Comunista de China, que podría ratificarlo para un segundo mandato.
El mundo tiene los ojos en China, pero no oculta sus temores por un posible descarrilamiento de la economía asiática. Precisamente, esa especulación sobre el aterrizaje forzoso de la economía china, alimentado por las calificadoras, ha motivado una fuga masiva de capitales a finales desde 2016 y en las últimas semanas se han tomado muchas medidas para reforzar la regulación financiera.
La deuda de China se ha disparado desde 2008, año en que estalló la crisis actual. Los datos indican que hoy la deuda podría representar el 257.6% del PIB, bajo una estrategia de crecimiento alimentado con deuda por el gobierno, aferrado a seguir construyendo infraestructura y otorgando créditos baratos para estimular el consumo interno.
De ser así, la deuda china se habría convertido en una de las más elevadas del planeta, pero nadie apuesta hoy a que el gobierno modifique su política económica ni su estrategia de crecimiento, ni que retire su apoyo financiero a las grande empresas estatales.
Moody’s ejerce presión sobre China, pero difícilmente modificará el camino de las reformas emprendidas por el gobierno, más preocupado por reforzar el estricto control sobre el funcionamiento del sistema financiero y lograr un aterrizaje suave en respuesta a las recesiones económicas que enfrentan los países desarrollados.
Pese a ello, la calificación de China sigue siendo la quinta más alta del planeta y el resto de las calificadoras, como Standard & Poor's y Fitch, aún no se pronuncian al respecto, esperando poder instalarse en China después de los anuncios hechos por el gobierno que permitiría su entrada para hacer negocios en su territorio, pese a la desconfianza de Beijing hacia las agencias calificadoras, las cuales alimentaron el estallido de la crisis actual en 2008.
Por: José Luis Ortiz Santillán
Economista, amante de la música, la poesía y los animales. Realizó estudios de economía en la Universidad Católica de Lovaina, la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba. Se ha especializado en temas de planificación, economía internacional e integración. Desde sus estudios de licenciatura ha estado ligado a la docencia como alumno ayudante, catedrático e investigador. Participó en la revolución popular sandinista en Nicaragua, donde trabajó en el ministerio de comunicaciones y de planificación. A su regreso a México en 1995, fue asesor del Secretario de Finanzas del gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, y en 1998, fundador del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.






