¿Qué significa gobernar?, quizá es uno de los máximos interrogantes que tiene la ciudadanía más allá de Hidalgo, y es que la serie de desencuentros entre sociedad civil y sociedad política no pintan un panorama deseable en la radiografía histórica del ejercicio de gobierno.
Es necesario advertir que, antes del vertiginoso empoderamiento de Morena en el poder y la expansión de los programas sociales y del bienestar, la mayoría de la ciudadanía que se encontraba en el decil más bajo de la escala económica, no percibió en los gobiernos del antiguo régimen el amparo y la dignidad humana a la que tienen derecho.
Es innegable que el piso firme de Morena en el ejercicio de gobierno no puede atribuirse o radicarse en la fortaleza ideológica o el pleno conocimiento político de una ciudadanía que, por décadas como estrategia del antiguo régimen, fue despolitizada y enclaustrada en el clientelismo político. Por ende, el piso firme de Morena se encuentra en el trabajo de proximidad ciudadana como el que realiza el gobernador Julio Menchaca, que ha incrementado su capital político debido a su presencia en el ejercicio de gobierno como un gobernador territorial y no de escritorio o cuello blanco.
En este escenario, el presidente municipal de Ixmiquilpan, Emanuel “Chino” Hernández, de un municipio que históricamente ha sido convulso y que ha dejado una huella de conflicto y confrontación social, para trazar una línea de gestión pública municipal donde ha primado el diálogo y el entendimiento con la ciudadanía, en un camino nada fácil, pero que ya ha dejado dividendos de reordenamiento gubernamental y concreción de la tarea pública.
La lucha emprendida por el Chino Hernández -que ha tenido que erradicar los viejos vicios del manejo de contratos, prebendas administrativas y con el lobby de presión de grupos de poder en Ixmiquilpan- han perfilado una gestión de resultados que oscila en los vaivenes de una concertación ciudadana inédita y que ya le ha ganado el respeto de la mayoría de las y los ciudadanos.
Desde la logística en el gasto público hasta la instauración de luminarias, renovación de caminos en comunidades y faenas de trabajo codo a codo, Emanuel Hernández se encuentra dejando un saldo de números positivos en Ixmiquilpan, trazando una dinámica colectiva de entendimiento social que debe ser apreciada.
La donación de una parte de su salario para obra social ha dado mucho de qué hablar entre los alcaldes de Hidalgo, pero, por sobre todas las cosas, entre la ciudadanía de su localidad que ahora se beneficia de la creación de una orquesta infantil y juvenil que está sufragada por el alcalde.
Los gestos de voluntad política del Chino Hernández en beneficio de la ciudadanía lo identifican como un alcalde de bajo perfil, cuya sencillez y resultados le permiten caminar o transitar por las calles de su ciudad, sin que sea impugnado y en diálogo abierto con la ciudadanía.
Es evidente que, ante las carencias históricas de la ciudadanía de Ixmiquilpan, la figura de Emanuel Hernández reviste motivos de análisis sobre las implicaciones de gobernar en escenarios históricamente convulsos y conflictivos; lo que le ha dado un margen de legitimidad y credibilidad en sus acciones, más allá de grandes logros con presupuestos que jamás podrán solucionar de golpe la realidad social.
No hay ficción en el desempeño del Chino Hernández, sólo la intención de servir a las y los ciudadanos de Ixmiquilpan, en una labor en la cual dejar huella ha implicado la firmeza para dialogar con los grupos de poder y sentar las bases de una reorientación de la administración municipal que debía haberse planteado hace décadas en la localidad.
La horizontalidad de la conducta gubernamental que ha impuesto Emanuel Hernández en Ixmiquilpan está dejando ejemplos claros de que el gobierno es público y en público, por lo que su realización no sólo es presupuesto y gasto público, sino trabajo y entendimiento social.







