La fiebre obradorista en Hidalgo

“Grandeza”, de López Obrador, no es otra cosa que la interpretación de grandes anhelos de justicia social que nos debe instar a la comprensión de los pueblos originarios de Hidalgo.

La publicación del libro Grandeza” del expresidente López Obrador ha dejado un marco reflexivo sobre los pueblos originarios que, en Hidalgo, fueron postergados al abandono y al olvido por las sucesivas administraciones del antiguo régimen.

En este marco de agudeza visual, la publicación de Grandeza”, que a través de un video marcó una inesperada aparición mediática de López Obrador, que en menos de seis horas ya tenía más de 900 mil visualizaciones, lo que Adela Micha logra en 9 o 10 meses de arduo trabajo en contra del morenismo en el país, visualizaciones que jamás ha tenido ni tendrá, Carlos Alazraki, por poner en contexto la fuerza política del obradorismo.

Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum visitó como candidata la Huasteca en Hidalgo dialogó intensamente con los pueblos originarios y prometió no sólo su dignificación, sino, también, el flujo de oportunidades sociales que el diputado Daniel Andrade Zurutuza ha marcado con la gestión de mayores presupuestos para Hidalgo. Por ende, no fue extraño que Sheinbaum Pardo haya decretado la pensión para mujeres de los pueblos originarios a partir de los 60 años; cuestión que ni por asomo de dudas cuenta ningún país de América Latina.

En este trazo, la gestión del diputado Andrade Zurutuza ha resultado destacada como apoyo a la administración del gobernador Julio Menchaca, porque ha incrementado el presupuesto para Hidalgo y su sentir huasteco lo ha hecho sensible a la realidad de la marginación y desigualdad social que prima en una tierra ampliamente productiva, pero donde la concentración de la riqueza y la tierra siguen siendo asuntos pendientes.

Es necesario entender que el capital político de Andrés Manuel López Obrador se encuentra intacto. Es, sin duda, una lección histórica para la antigua clase del viejo régimen que, ni por asomo de dudas, alguno de sus personeros puede aludir.

Mientras el expresidente Enrique Peña Nieto, con graves problemas de cultura científica e ilustrada, no había leído más que pasajes de la Biblia”; López Obrador le ha dado un giro de 180º a los escenarios políticos, más allá de México y más allá de sus detractores como fans.

También las redes sociales, en Hidalgo, se sumaron a las expectativas de la publicación de Grandeza” y la lectura analítica de este escenario estriba en que el obradorismo desde las visitas de López Obrador a Hidalgo, en la administración de Omar Fayad, marcaron una reorientación de la conducta social y logró empatías en diversas regiones.

Como nota internacional, la popularidad de López Obrador en México se ha convertido en materia de estudios políticos, como los realizados en la Universidad de Chile y la Universidad de Buenos Aires, en sus divisiones de estudios políticos, sobre el ascenso de unModelo Político de Izquierda Reformista”, que no tiene precedentes histórico claros, porque se impuso con una base laxa de sustentación ideológica de la izquierda y, contra fuego y marea de una sedición política de la derecha en México.

Nos puede gustar o no el modelo implantado desde las estructuras de gobierno por el obradorismo, aunque el gusto o disgusto no siempre son un reflejo analítico, pero sí de la manifestación ciudadana.

Sin embargo, es claro, cuando la gestión del gobernador Julio Menchaca marca un piso firme desde las Rutas de la Transformación, análogamente, con la proximidad social que AMLO marcó a nivel nacional; no existen dudas de que el Modelo Político de Izquierda Reformista” ha abierto un nuevo matiz en la forma de hacer y construir gobierno desde abajo con la ciudadanía.

Grandeza”, de López Obrador, no es otra cosa que la interpretación de grandes anhelos de justicia social que nos debe instar a la comprensión de los pueblos originarios de Hidalgo; que, el mismo presidente del Congreso local, Andrés Velázquez Vázquez, recientemente desde las comparecencias públicas de secretarios y titulares de gobierno, encauza como radiografía de un Hidalgo que debe dar vuelta la cara a sus raíces como lo ha dejado claro el gobernador Julio Menchaca Salazar.