Hay noticias que no hacen mucho ruido en lo nacional, pero que en lo local dicen más de lo que parece. El regreso al aire de dos estaciones de radio, específicamente Radio Mezquital y La Voz de la Sierra en Hidalgo es una de ellas. No se trata sólo de dos estaciones de radio que vuelven a transmitir: se trata de recuperar un espacio público y un patrimonio social que le pertenece a la población y que, durante algunos años, simplemente dejó de existir.
El anuncio del gobernador Julio Menchaca no sólo implica un valor técnico, sino un impacto social en dos regiones de nuestro estado de gran trascendencia para la gobernabilidad. Reactivar estas estaciones públicas en regiones como el Valle del Mezquital o la Sierra no es menor, sobre todo en zonas donde la radio sigue siendo uno de los principales canales de información, identidad y comunidad. Y es que hay que recordar que en muchos lugares y comunidades, contar con una estación de radio no es un lujo, sino una necesidad para la población, porque la radio no sólo informa, también acompaña.
Pero si hoy destacamos el regreso de estas dos estaciones de la radio pública hidalguense, también, por justicia, es importante recordar el por qué se fueron innecesariamente en el pasado inmediato.
Porque hay que decirlo, estas estaciones no desaparecieron solas o por falta de dinero o utilidad pública ni porque la gente dejara de escucharlas. Se perdieron por decisiones y omisiones de la administración estatal anterior, por descuidos institucionales o, peor aún, por la incapacidad de entender que las concesiones públicas no son eternas. Entonces, se debe recordar que se dejaron caer. Así, tal cual.
Y ese es el asunto político incómodo de la historia. Más allá del anuncio actual, esto también recuerda que la administración Fayad fue incapaz de sostener algo tan básico como sus propios medios públicos. Haber perdido en su momento estas concesiones de radio no fue un tema menor, porque significó perder presencia, voz y un vínculo directo con la gente.
Por eso, recuperar estas estaciones es, sin duda, una buena noticia, pero no puede dejar de ser una advertencia permanente de lo fácil que puede ser perder lo público cuando no se le da importancia. Mantener al aire una radio pública no debería ser una hazaña política, sino parte de lo mínimo que se espera de cualquier gobierno.
Al final, lo que queda es una idea sencilla: hay cosas que no tendrían que recuperarse… porque nunca debieron haberse perdido.





