La violencia política

El antiguo régimen, tanto en Hidalgo como en el país, vive momentos de beligerancia política, desde el pleito entre Marco Mendoza y Miguel Tello, hasta los manotazos entre Alejandro Moreno y Noroña. El ideólogo Antonio Gramsci advirtió que cuando un gobierno o facción política tiene que recurrir sistemáticamente al uso de la violencia, ha perdido el poder.

Frente a los lamentos de la afiliación en el PRI, que han pasado desapercibidos entre la ciudadanía en Hidalgo con magros resultados, la afiliación en Morena Hidalgo ha sido aplaudida por la lideresa guinda, Luisa Alcalde, frente a los 180 mil militantes adheridos desde los comités ciudadanos que para Marco Mendoza, líder tricolor, son una copia mal hecha de lo que implementó el PRI Hidalgo en su pasado de gloria.

Sin embargo, el clima de beligerancia política que vive la oposición a nivel nacional, donde, en la Cámara de Senadores, el líder perpetuo del PRI, Alejandro Moreno, en una agresión física al senador del PT, Gerardo Fernández Noroña, que fue calificada por la palestra política como de cobarde”, ha propiciado una escalada de violencia política, que en Hidalgo reproducen las fuerzas de la derecha, encabezada por el líder tricolor, Marco Mendoza, al estilo de las trifulcas de barrio o zafarrancho de cantina.

En el caso concreto de Marco Mendoza, su beligerancia política -al igual que la que propina en estos momentos Alejandro Moreno- se ha focalizado debido a la crisis política por la que atraviesa el PRI Hidalgo, que no sólo ha dejado de ser el bastión político sino que vive rendimientos políticos decrecientes frente al ascenso de Morena y no es un interlocutor válido de la ciudadanía para abanderar sus aspiraciones sociales.

En este trazo, la afiliación de Morena en Hidalgo se convierte en un vector de impugnación política, no sólo hacia el PRI, sino hacia las élites del antiguo régimen que han visto el incremento y el capital político de la izquierda en la conducción e interlocución de la ciudadanía, creando un vertiginoso ascenso del claudismo en el estado.

En este clima de depresión y violencia política del PRI Hidalgo, el zafarrancho que se presentó entre Miguel Tello Vargas, titular de la Unidad de Planeación y Prospectiva, con el líder tricolor, Marco Mendoza Bustamante, es un efecto de los rendimientos políticos crecientes de la monopolización del poder y aparato de Estado que presenta Morena, lo cual deja un escenario complejo que debe ser apreciado para entender la extrema violencia política de las fuerzas del antiguo régimen.

     I. La parálisis del poder

La derecha como reducto de las grandes tropelías del aparato público, donde era juez y parte en este control político de la realidad social, se convirtió en la direccionadora de la vida en el país y una vez que sobrevino su erosión política, debido al fracaso de su operatividad y control social por corrupción y abuso de poder, la izquierda se convirtió en una opción de vanguardia social que abandera anhelos mayoritarios en la nación frente a la parálisis del poder del antiguo régimen.

     II. La incertidumbre del poder

Las élites del poder y sus expresiones partidistas del PRIAN experimentan un proceso ampliado de incertidumbre política, en el cual han perdido los dividendos del control del aparato de Estado y su reproducción hegemónica. En este trazo, surgen las estelas de la violencia política del PRIAN por impotencia y un efecto de subordinación política que viven sus fuerzas en este momento frente a la izquierda.

     III. La derrota del poder

En un sistema político donde el control del aparato de Estado les permitió a las élites del poder económico y político en México su derrota política, que es al tiempo una derrota de reproducción hegemónica, ha provocado esta reacción de violencia política y es producto de una estrategia reactiva que pretende desequilibrar los logros de la izquierda a través del golpeteo y una tendencia fascistoide.

En esta atmósfera, ¿qué sigue a la violencia del PRI en Hidalgo?

La violencia política no puede ser exponencial. Es decir, no escala de manera incontrolada en un sistema democrático por más que se intente imponer. En esta lógica, el PRI Hidalgo habrá de seguir buscando alianzas abiertas con partidos o cerradas oscuras” con grupos de poder que influyen a nivel político. De lo contrario, su extinción está próxima y, en el mejor de los escenarios, podría conservar registros locales y perder el registro de partido a nivel nacional.

El ideólogo Antonio Gramsci advirtió que cuando un gobierno o facción política tiene que recurrir sistemáticamente al uso de la violencia, ha perdido el poder. Dicho por Gramsci, la violencia política es la impotencia del poder” que, en el PRI, se expresa como el no poder por el poder.