“Ninguna sentencia puede obligar a un padre a amar”: magistrada federal expone realidad en el 8M

Conmemoran el Día Internacional de la Mujer en el Vigésimo Noveno Circuito del Poder Judicial de la Federación.

Impartir justicia no es repartir fórmulas jurídicas, es comprender que la igualdad ante la ley exige también reconocer las desigualdades que existen en la vida”, sostuvo la jueza primera de distrito, Bertha Orozco Hernández, durante la conmemoración del Día Internacional de la Mujer en el Vigésimo Noveno Circuito del Poder Judicial de la Federación, con sede en Hidalgo.

Titulares y la base trabajadora concurrieron en este evento para reconocer el valor, la capacidad y la contribución fundamental de las mujeres en todos los ámbitos de la vida social, familiar, del trabajo, la ciencia y la cultura.

Además, en sus mensajes conminaron a fortalecer el respeto, la igualdad y la solidaridad para construir una sociedad libre de violencia y discriminación.

Igualmente, colocaron un contenedor para recibir donaciones de la campaña solidaria de menstruación digna, insumos que entregarán al Centro de Reinserción Social.

En su discurso, la jueza primera de distrito, Bertha Orozco, lamentó que cada vez que una mujer alza la voz para denunciar violencia, desigualdad o discriminación hay alguien que intenta desacreditarla o llamar a las víctimas exageradas o locas; sin embargo, a lo largo de la historia ha habido féminas que resistieron en todos los espacios para combatir la injusticia.

“Por eso el 8 de marzo no es una celebración, es una conmemoración, es el recuerdo de una lucha histórica que comenzó cuando muchas mujeres trabajadoras se atrevieron a exigir algo que hoy parece evidente: salarios dignos, derechos políticos, condiciones laborales justas y una vida libre de violencia”.

Y añadió que “nada de eso fue regalado, cada uno de esos derechos fue conquistado, y esa historia nos enseña algo que hoy sigue siendo profundamente actual: los derechos de las mujeres nunca están completamente garantizados. Cuando creemos que un derecho está asegurado, aparece una reforma que lo limita, una política pública que lo debilita o una idea que pretende convencernos de que pedir igualdad es exagerado”.

Abundó que hay otras realidades como los pactos patriarcales, que son acuerdos silenciosos que aún operan en las burocracias, donde se minimiza la denuncia, prevalece el mutismo y la complicidad; de ahí la importancia de la sororidad.

La justicia no puede ser neutral frente a la injusticia; por eso hoy, en esta conmemoración, más que celebrar lo que ya se ha logrado, deberíamos preguntarnos algo más importante: ¿qué estamos dispuestas a hacer para que los derechos de las mujeres no retrocedan? Porque cada derecho que hoy parece evidente fue en su momento algo que no les gustó a muchos y muchas, y si algo nos ha enseñado la historia del 8 de marzo es eso: que las mujeres que incomodan al poder suelen ser las mismas que, con el tiempo, terminan cambiando la historia”.

Por su parte, la magistrada Nelly Lilian Ferro Ortiz mencionó las dificultades y obstáculos que enfrentan las mujeres, principalmente aquellas que son madres y que, por diversas circunstancias, son las únicas responsables de la crianza de los hijos.

“Creo profundamente en las leyes y en la justicia; sin embargo, hay cosas que ninguna sentencia puede ordenar. Como juzgadora puedo aplicar la ley, puedo exigir el cumplimiento de obligaciones, pero no puedo ordenar la conciencia de un padre, no puedo obligarlo a quedarse, no puedo imponer la voluntad de amar, cuidar y acompañar en la crianza de un hijo o una hija. Las leyes pueden establecer deberes, pero el amor, la presencia y el compromiso sólo nacen de la conciencia”.






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