Bajo una dimisión sorpresiva y en los planos de una lectura política poco nítida, Sergio Hernández Hernández dejó la dirigencia del Partido Nueva Alianza, en un momento donde los rendimientos políticos crecientes del partido vaticinaban tiempos de consolidación y crecimiento geopolítico en Hidalgo.
Resultó inexplicable la dimisión de Hernández Hernández y la misma clase política de Hidalgo poco o nada pudo advertir desde las lógicas de los manejos exitosos del partido turquesa y su crecimiento como segunda fuerza política que le otorga un trazo de fortaleza al expansionismo de Morena y la 4T.
La presencia femenina en Nueva Alianza no sólo ha constituido un aporte de firmeza a sus estructuras políticas y de conducción política de su base militante, sin duda le ha otorgado un sello de horizontalidad de cuadros que Sergio Hernández promovió durante su gestión, en la cual la actual presidenta electa del partido turquesa, Juana Márquez, logró consolidar una trayectoria política que afianzara la democracia interna del partido y que permitiera entablar diálogos transversales con la base militante y su significativa orientación magisterial.
La decisión del partido turquesa, de orientar su liderazgo en el piso firme femenino, condensa una movilidad orientada a la alternancia política de género, en un momento donde el protagonismo femenino en la política ha sido alentado desde el humanismo mexicano en el proyecto político de la 4T, del cual Nueva Alianza en Hidalgo es actor fundamental en la consolidación del bastión morenista.
El trazo de cercanía y entendimiento político que trazó Serigo Hernández con el gobernador Julio Menchaca perfiló una alianza estratégica que ha permitido al partido turquesa aumentar no sólo su presencia en el espectro geopolítico de Hidalgo, sino crear un partido en expansión en sectores dinámicos del magisterio y de la sociedad civil.
A diferencia de Morena Hidalgo, Nueva Alianza tiene matices de la socialdemocracia y pese a ser pieza fundamental en el desarrollo de la expansión morenista no guarda paralelismos de izquierda, sino de una identidad endogámica que se une al proyecto del humanismo mexicano.
El análisis descriptivo de Nueva Alianza en el gobierno de Julio Menchaca advierte una base de solidez desde los principios de la pedagogía como estructura del desarrollo de las lógicas en el partido turquesa, al tiempo que deja claro que su gremialismo magisterial ha encontrado una expansión de poder dentro de la esfera pública en Hidalgo.
La lideresa de Nueva Alianza, Juana Márquez, representa no sólo a la fuerza femenina en ascenso en los escenarios políticos del país; al tiempo, se encuentra en un sector etario de juventud, lo que envuelve a su nominación en un clima de renovación de cuadros que no está presentándose en otros partidos en Hidalgo y la nación.
La prospectiva de Nueva Alianza como partido local se ha afianzado en Hidalgo, provee exigencias mínimas en una democracia representativa, donde su alianza con Morena parece garantizar la pervivencia del partido turquesa, amén de la data dura en ascenso que dejó Sergio Hernández.
Es positivo que el cambio en la cúpula partidista de Nueva Alianza haya generado alternancia política de género, otorgándole un matiz acorde a las necesidades de los sectores femeninos del partido y de la sociedad civil, nota que no puede pasar inadvertida a los partidos satélites que se encuentran anquilosando estructuras de cúpula partidista como el consabido caso de Movimiento Ciudadano en Hidalgo.
La lideresa Juana Márquez continúa en la estela de la simbiosis política que generó Sergio Hernández con el magisterio, pero habrá de imprimir el matiz feminista que requieren los escenarios políticos en Hidalgo y la nación.







