En Hidalgo pasa algo extraño: hay gobierno, hay decisiones, hay agenda pública… pero no hay oposición. O al menos, no una que se vea, se escuche o incomode. Está ahí, en el papel, con siglas, con videos en redes sociales, con dirigencias y prerrogativas, por supuesto. Pero en la práctica política, parece ausente.
Porque una cosa es perder elecciones y otra muy distinta es desaparecer después de ellas. Y eso es justo lo que hoy ocurre con la oposición local. PAN, PRI, PRDH, MC y los nuevos partidos que nadie conoce no han logrado construir una narrativa, una postura ni una presencia que contraste con el poder. No hay contrapunto. No hay tensión. No hay figura. No hay debate.
Y eso, más que un problema para los partidos, es un problema para la vida pública. Sin oposición, el poder sufre un desbalance que paradójicamente es perjudicial para sí mismo, porque si no hay oposición, el poder no es cuestionado e inevitablemente se relaja, se acomoda y se acostumbra a no rendir cuentas más allá de lo mínimo indispensable.
Lo preocupante es que no se trata de falta de temas. Sobran. Hay decisiones que podrían discutirse, políticas públicas que podrían contrastarse, omisiones que podrían señalarse, pero nada de eso ocurre con claridad ni contundencia política. La oposición no fija agenda, no marca posición, no reacciona y, principalmente, no logra conectar con la ciudadanía.
Y mientras tanto, el calendario avanza. Hay una reforma en materia electoral que se discute en el Congreso de la Unión y al mismo tiempo, la elección municipal y la renovación del Congreso local están a la vuelta de la esquina.
Pero aún con todo eso en el horizonte político, dentro de la oposición no se ve estrategia, ni construcción territorial, ni discurso político que resalte o emocione. Como si tuvieran tiempo de sobra, como si la competencia no existiera, como si no supieran que de seguir así, en las próximas elecciones pueden terminar más debilitados.
Mientras tanto, Morena y la 4T cuentan con perfiles competitivos y siguen marcando la agenda de la discusión, los temas y los tiempos en los que las cosas pasan, con la ventaja que les da una oposición que pareciera estar esperando hasta las elecciones de 2027 para generar atractivo político.
Y con esto, tal vez el problema de la oposición no es el aletargamiento en el que vive, sino que sigue sin encontrar alternativas políticas atractivas que ofrecerle a la sociedad.





