PRI: megarrelato de una negación política

El PRI Hidalgo no puede sustraerse al rechazo social de una ciudadanía que con incredulidad observa e impugna esos megarrelatos de negación política.

El crudo análisis del rechazo social al PRI en Hidalgo ha ido concretando, en el éxodo masivo de sus militantes y simpatizantes, las añejas estelas de esa retórica vacía que hizo posible su encumbramiento en el control de aparato de Estado, donde revolución y democracia” fueron el slogan de una opresión brutalmente antidemocrática en la nación.

Hidalgo cuenta gran parte de su historia en el siglo XX a través de la radiografía política del PRI. Este megarrelato que, en al menos siete décadas, garantizó la verticalidad de un partido de cúpula, anquilosado y enquistado en una clase política que era juez y parte de la realidad social del país era, en realidad, la negación de un sistema antidemocrático que tenía postrada a la ciudadanía, intentando naturalizar el poder desde el discurso de la institucionalización, mismo que en realidad encubría corrupción e impunidad.

Los factores de la dominación política del PRI fueron copiados a la calca en sus réplicas estatales. De allí que el clientelismo, las prebendas, la lubricante y creciente corrupción desde el aparato de Estado, así como el lenguaje político, infiltraba la realidad social con frases como el que se mueve no sale en la foto”, el que no tranza, no avanza”, el año de Hidalgo”… en fin, un simulacro que trasminaba lo mismo a la educación que a la cultura y se fundía en el color verde, blanco y rojo; lo mismo en las banderas políticas que en los estandartes deportivos.

En esta atmósfera Hidalgo patentó al PRI como bastión de la lealtad política”, al grado que el partido tricolor logró pervivir nueve décadas sin mayores operaciones, sin mayor desgaste político, pero bajo la influencia de las prebendas, el caciquismo y la cooptación pública.

Esta maquinaria de corrupción engrasada desde las estructuras de gobierno y su institucionalización, que no eran otra cosa que la institucionalización de la corrupción, en Hidalgo crearon la leyenda y mito del bastión priista”, como si se tratara del Leviatán de Hobbes, sólo que erróneamente articulado, sin ideología, sin cognición política y sin el aliento de la democracia.

Los hechos recientes de la desbandada militante del PRI Hidalgo que marcan el megarrelato de una negación política que sólo evidencia los resabios políticos de esa estructura de institucionalización de la corrupción” que niega la extinción de su poder y se refugia en las retóricas sórdidas o en los megarrelatos de la negación política, lo mismo da.

¿Qué le queda al PRI en Hidalgo?

La narrativa de una historia política fallida que en el choque frontal de una derecha golpista que no de manera inédita, pero sí con el peso de los hechos, Marco Rico alude en los corrillos públicos con el peso del ascenso del morenismo, que no necesariamente, de la izquierda.

Sin embargo, la historia política fallida del PRI no se va sin mácula, tanto endogámicamente, donde el autoritarismo de cúpula -más allá de Hidalgo- sigue siendo la radiografía antirrevolucionaria, antidemocrática y de los lubricantes de una corrupción que marcó lógicas políticas, económicas, educativas y culturales. En la dimensión exógena hoy el PRI Hidalgo no puede sustraerse al rechazo social de una ciudadanía que con incredulidad observa e impugna esos megarrelatos de negación política.

El éxodo masivo de los nombres ilustres como Miguel Osorio Chong, Omar Fayad Meneses, José Antonio Rojo García de Alba, Julio Valera, Adriana Flores, Guillermo Peredo, Benjamín Rico, Sergio Baños y tantos y tantos otros… son parte íntegra de este megarrelato negacionista de un partido fallido y en franca extinción que en alguna ocasión se autonombró el bastión priista de Hidalgo”.