2025 dejó hondas huellas de dolor social frente a los desastres naturales y las inconsistencias del uso presupuestal en la materia en el gobierno de Omar Fayad, que salieron a relucir ante la contingencia ambiental que tuvo que subsanar el gobierno de Julio Menchaca, advirtiendo sobre la imperiosa necesidad de imponer orden en los recursos gubernamentales, continuar con las pesquisas de la Estafa Siniestra y prospectar escenarios presupuestales para que los estragos en la Huasteca, el Mezquital y las zonas de alto riesgo en Hidalgo no vuelvan a enlutar a la ciudadanía.
En este escenario, el gobierno del estado de Hidalgo da inicio este 2026 a la reconstrucción de la infraestructura dañada en la zona de desastre con una inversión de 600 millones de pesos.
Las preguntas de la ciudadanía se suceden en torno a ¿qué impacto posee la prospectiva presupuestaria del gobierno y el incremento de más de 2 mil millones de pesos y lo destinado a la zona de desastre para este 2026?
En términos de planeación, el presupuesto de más de 2 mil millones destinado para desastres y contingencias naturales es el argumento de forma y fondo de las estructuras de gobierno no sólo de prevención, sino, también, de reorientación de los gastos para desastres o coyunturas de este tipo que, invariablemente, seguirán presentándose y requieren nuevas lógicas de operación de gastos.
No obstante, al presupuesto para desastres de 2026, el gobernador Menchaca Salazar dirige sus esfuerzos para reparar los daños ocurridos a nivel social con el huracán Priscilla, y no habrá de abandonar las comunidades y sus regiones afectadas hasta que se subsanen los problemas y permita reorientar la planeación gubernamental y sus impactos en la ciudadanía.
En el Congreso local, la aprobación de las partidas presupuestales para la atención de desastres naturales no ha estado exenta de críticas de las bancadas de la oposición, que frente a la coyuntura del huracán Priscilla, se dieron a la tarea de destinar ocurrencias de montos presupuestales que nunca llegaron a ser una realidad porque carecían de respaldo legal y ponderación exacta sobre una realidad social que desconocían frente a la catástrofe. Esta condición de desfase de la realidad que presentaron las bancadas de PRI y PAN ahondaron el clima enrarecido en un momento que apremiaba respuestas acertadas, cuestión que estuvo ausente en sus propuestas.
En esta atmósfera, los cuestionamientos de fondo sobre el uso y la etiqueta del presupuesto para desastres naturales en Hidalgo ha dejado una reflexión de forma y fondo sobre la pericia que se requiere en el Congreso local para advertir, en medio de una coyuntura de magnitudes sociales como la ocurrida con el huracán Priscilla, que no sólo hace falta crear condiciones de prospectiva presupuestal, sino, también, preparar escenarios para esa clase política que intenta sacar raja antes que solucionar este tipo de problemáticas.
En todo caso, la temporalidad de los desastres naturales no excluye la necesidad de generar nuevos protocolos, escudriñar sobre los Atlas de Riesgo en los municipios y su actualización, y generar una capacitación permanente en los cuerpos operativos de protección civil en Hidalgo.
La amarga experiencia que arrojaron los desastres naturales en 2025, más la contingencia del desabasto de agua que las precedió, forman un intrincado nudo de presión social que deben quedar impresas en la memoria y acciones gubernamentales, ya que el costo social en vidas plantea la necesidad de abordar el problema de los desastres naturales desde una óptica distinta a lo trabajado en administraciones que precedieron a la actual.
Planeación y prospectiva son un eslabón que debe estar presente en los esquemas de respuesta gubernamental hacia los desastres naturales; no basta con el incremento presupuestal, es menester garantizar nuevos protocolos y estrategias que aseguren lógicas de respuesta coordinada, porque es evidente, ante las pruebas empíricas que nos dejaron los estragos de las zonas de desastre, que las contingencias climáticas habrán, invariablemente en cualquier momento, de superar los esfuerzo humanos; por lo que ir más allá de lo probado empíricamente es la prospectiva que debe imperar a nivel gubernamental.
El incremento presupuestal en 2026 para desastres naturales debe estar acompañado del manejo de nuevos protocolos de respuesta ciudadana, y crear una cultura sobre las contingencias climáticas que, hasta ahora, es inexistente en Hidalgo.







