Tepeapulco, ¿del agua al aceite?

Sin mayores reflectores sociales, ingresa como presidente municipal de Tepeapulco, Félix Ávila Castelán, ¿podrá dar el golpe de timón que espera y requiere la ciudadanía de Tepeapulco?

Aunque el análisis crítico de la realidad municipalista en Hidalgo no suele resistir -salvo raras excepciones- observaciones sobre la impericia de los cabildos y su inconcreción de la tarea pública para la que fueron constituidos, Tepeapulco narra una historia dantesca entre el desabasto de agua y la corrupción política como el aceite lubricante de infinidad de alcaldías.

 

Las sucesivas administraciones en Tepeapulco han dejado un desencuentro ciudadano que no acierta a curarse de espanto, s allá del color partidista que haya pisado el ayuntamiento y ello pone en tela de juicio no sólo la pericia pública de sus administraciones, sino, también, de la ética política que ha estado ausente en los sucesivos cabildos.

 

En este tortuoso escenario de desencuentro ciudadano, la designación de Félix Ávila Castelán como presidente municipal de Tepeapulco encierra el enigma sobre si podrá allanar el camino hacia una administración pública comprometida con la ciudadanía.

 

En los hechos, la desigualdad, la carencia de oportunidades y las asimetrías sociales en la localidad marcan una intrincada red de cuestionamientos por la ausencia de administraciones que hayan podido revertir estas problemáticas, donde, la carencia del abasto de agua y el aceite lubricante de la corrupción del cabildo han sido la piedra piramidal para que la ciudadanía haya impugnado a diferentes administraciones.

 

En esta atmósfera, Ávila Castelán ingresa en un momento convulso a la administración de Tepeapulco y presenta retos diversos en un corto tiempo. No se percibe en los trazos de planeación y ejecución de la administración del cabildo en Tepeapulco, que Félix Ávila pueda dar el golpe de timón que requiere el municipio, porque su problemática no sólo es de tiempos y movimientos, sino de una condición estructural en el ordenamiento y planeación urbana en la cual las políticas públicas y la asistencia social han estado ausentes por décadas.

 

En este trazo, resulta incomprensible para las y los ciudadanos de Tepeapulco el hecho de que no importando el color partidista de sus administraciones municipales, los avances históricos que requiere la ciudadanía dejan un déficit mayúsculo en la composición de oportunidades sociales y, al tiempo, un panorama desolador a nivel generacional.

 

Por décadas, se ha instado a las estructuras gubernamentales en Hidalgo sobre la carencia que presenta la estructura administrativa en el manejo del cabildo y su orientación hacia una gestión pública de vanguardia y en plena consonancia con la modernización estructural que vive el país. En este trazo analítico, sobresalen las declaraciones del Auditor Superior de Hidalgo, Jorge Valverde Islas, sobre la impericia y omnipotencia de los cabildos, que consideran que son juez y parte de la administración de sus ayuntamientos, lo que los lleva a cometer errores de impericia, conocimiento y, por supuesto, corrupción.

 

Todo indica que análogamente en la radiografía histórica en Tepeapulco, así como el agua y el aceite lubricante de la corrupción se insertan en el ámbito de la desigualdad social que prima entre sus ciudadanos; no es menos cierto, que la correlación entre impericia pública del cabildo y omnipotencia pública de sus actores son componentes que siguen siendo impugnados por su tejido social, que se encuentra ávido de que el ayuntamiento encauce las tareas primordiales de una población ampliamente vulnerada y empobrecida.

 

Sin mayores reflectores sociales, ingresa como presidente municipal de Tepeapulco, Félix Ávila Castelán, ¿podrá dar el golpe de timón que espera y requiere la ciudadanía de Tepeapulco?