El gobierno de Julio Menchaca ha iniciado un esquema de comunicación basado en conferencias de prensa semanales. El formato, programado para realizarse cada lunes, adopta una dinámica que en los últimos años ha adquirido centralidad en la comunicación gubernamental a nivel federal.
Las llamadas “mañaneras”, instauradas durante el sexenio del expresidente Andrés Manuel López Obrador y continuadas por la actual presidenta, Claudia Sheinbaum, consolidaron un modelo de comunicación periódica que combina información, posicionamiento y respuesta a medios. La adopción de un esquema similar en el ámbito estatal representa una decisión relevante en términos de apertura institucional.
La existencia de espacios regulares de información es, en principio, positiva. La previsibilidad en la comunicación contribuye a la transparencia, permite dar seguimiento a políticas públicas y facilita el acceso de la prensa a quienes toman decisiones. En un entorno donde la inmediatez informativa es la regla, establecer un canal oficial semanal enriquece la relación gobierno-medios.
Al mismo tiempo, el formato implica exigencias adicionales. Una conferencia en vivo no sólo transmite mensajes; expone, también, la capacidad técnica del gabinete para explicar programas, reaccionar ante los cuestionamientos de la prensa y asumir responsabilidades frente a la opinión pública.
El arranque de estas conferencias abre una etapa de aprendizaje institucional. La mejora continua en el manejo de información y en la interacción con medios será clave para consolidar un ejercicio que, por su naturaleza, colocará al gobierno ante el escrutinio directo de la ciudadanía.
En ese sentido, más allá del formato, lo relevante será el uso que se haga de ese espacio. Puede convertirse en una plataforma para explicar decisiones complejas, transparentar avances y reconocer pendientes. Sin embargo, la exposición de situaciones legales personales o la incorporación de señalamientos de carácter político, como ocurrió en el arranque del ejercicio, evidencian la necesidad de delimitar su finalidad. La conferencia semanal debe preservar su carácter institucional para evitar que se convierta en un escenario de confrontación ajeno a la función pública.
La institucionalización de un espacio semanal de comunicación no es menor; supone asumir que la exposición pública forma parte del ejercicio del poder. En esa medida, el reto no es replicar un modelo sino adaptarlo a las condiciones y necesidades propias del estado.
El tiempo permitirá evaluar su consolidación. Por ahora, el inicio de las conferencias representa una oportunidad para fortalecer la relación entre gobierno y ciudadanía a través de información oportuna y verificable.







