En el Festival de Cine Judío, que se celebra cada año, suele colarse al menos una cinta con tintes propagandísticos. En su XXIII edición, ese papel recae en De perros y hombres, del director Dani Rosenberg.
El guion, escrito por el propio Rosenberg junto a Ori Avinoam, sigue a Dar, una adolescente de 16 años que regresa a un kibutz abandonado en busca de su perro. A partir de esta premisa íntima, la película intenta construir un relato emocional en medio de un entorno marcado por la tensión.
Sin embargo, el discurso pronto se inclina hacia una representación en la que se descalifica abiertamente a los palestinos, a quienes se describe como más feroces que animales salvajes y se les atribuyen actos de extrema violencia. Esta postura contrasta con la ausencia total de estos personajes en pantalla, incluso cuando el filme muestra el imponente despliegue militar israelí en la zona.
Rosenberg —también director de Vanishing Soldier— apuesta por generar empatía a través de su protagonista, pero el vínculo entre la joven y su mascota resulta débil. En el camino aparece una excéntrica rescatista de perros, interpretada por Yamit Avital, quien aporta un matiz distinto, aunque insuficiente para sostener la carga emocional del relato.
Pese a haber sido reconocida como Mejor Película en el Festival de Haifa, Al klavim veanashim no logra consolidar su propuesta: su intención de conmover se diluye entre un discurso unilateral y una narrativa que no termina de conectar.
Por: Jorge Carrasco V.
Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM. Periodista activo desde 1981 en diversos medios. Especialista en temas internacionales, deportes y espectáculos. Autor de biografías sobre Pedro Infante y Joaquín Pardavé de Editorial Tomo.





