Cecilia Izcapa Treviño, directora de Análisis y Gestión de Riesgos del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), afirmó que, ante la próxima temporada de ciclones y huracanes, es fundamental que todas las autoridades estén preparadas para evitar catástrofes.
En entrevista, explicó que los pronósticos son elaborados por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y la Comisión Nacional del Agua (Conagua), instancias que ya proyectan la cantidad de fenómenos que podrían presentarse tanto en el océano Pacífico como en el Atlántico.
“Desde la federación existe un protocolo claramente definido para la atención de la temporada de ciclones tropicales, que establece cómo se atienden las emergencias y cómo se emiten los alertamientos. En este proceso participan diversas instancias de la Coordinación Nacional de Protección Civil y la Dirección General de Protección Civil, que tienen la atribución de emitir alertas con base en la información del SMN, dependiente de la Conagua, cuya función es fundamental, además de la participación estatal y municipal”, señaló.
De acuerdo con las previsiones de especialistas presentados en el XXI Seminario Internacional de Huracanes, que se realizará en Mérida en junio —cuando inicia la temporada—, se prevé el impacto de al menos cinco eventos relevantes, además de lluvias intensas en zonas del centro del país y fenómenos de monzón en el norte.
Ante este panorama, la funcionaria federal reiteró que la prevención es fundamental para evitar omisiones en la aplicación de protocolos de preparación y atención de emergencias.
“Las autoridades ya deben estar preparadas porque las lluvias no son atípicas; tienen que ver con condiciones como el drenaje, las obras y la obstrucción de cauces. Son resultado de decisiones relacionadas con el desarrollo. El exhorto es a que quienes cuentan con atlas de riesgo los revisen, los estudien y tomen decisiones antes de que ocurran los eventos; este instrumento debe ser preventivo”, subrayó.
Recordó que los atlas de riesgo son herramientas clave en todas las etapas de la gestión integral de riesgos, ya que permiten identificar peligros, ubicar población o infraestructura vulnerable y conocer el comportamiento de los fenómenos, lo que facilita establecer medidas de mitigación, programas de atención y acciones preventivas.
“No tenemos que esperar a que ocurra el desastre para actuar. Es necesario utilizar estos instrumentos para prevenir daños y pérdidas”, enfatizó.
Añadió que los fenómenos naturales forman parte de la dinámica de la Tierra y también generan beneficios, como el suministro de agua dulce; sin embargo, pueden derivar en desastres debido a deficiencias en la infraestructura o asentamientos en zonas de riesgo.
Finalmente, explicó que este tipo de documentos permiten identificar áreas donde la población, en muchos casos en condiciones de pobreza o marginación, habita en sitios no aptos, como laderas, cauces de ríos, cercanías de vías férreas o ductos de sustancias peligrosas, e incluso en áreas naturales protegidas.





