En política, y más en estos tiempos, a veces no dar nota es la nota. Vanesa Escalante llegó a la Secretaría de Salud en abril de 2024 con casi 30 años y en el Congreso, incluso, ha sido presentada como la titular de Salud más joven del país. Lo paradójico es que, dentro de un gabinete donde la experiencia no siempre ha evitado polémicas o declaraciones innecesarias, la integrante más joven ha terminado construyendo uno de los perfiles más prudentes de la administración estatal.
Y prudencia no significa necesariamente ausencia. En estos dos años y medio ha estado al frente de una de las áreas más complejas de cualquier gobierno, con problemas que difícilmente permiten esconderse detrás de un escritorio. Esta misma semana, mientras buena parte de la conversación política estatal gira alrededor de encuestas, imitadoras, aspiraciones y sucesiones adelantadísimas, la nota de la secretaria fue otra: mil 782 personas beneficiadas con 3 mil 564 auxiliares auditivos en 57 municipios. Dicho de forma mucho más sencilla: el trabajo.
Eso comienza a tener una lectura política precisamente porque estamos entrando en tiempos donde casi todo se lee con otros ojos. Su nombre ya aparece entre los perfiles mencionados para el futuro de Morena en Hidalgo, pero hasta ahora no ha necesitado protagonizar destapes, confrontaciones ni declaraciones diseñadas para alimentar esa conversación. Y es que hoy estamos en una época donde muchos políticos creen que para existir hay que aparecer todos los días, aunque sea para mal, pero eso no reditúa y, por otro lado, mantener un perfil sobrio también puede convertirse en una forma de construir capital.
Ahora, Salud es un sector con enormes pendientes y cualquier titular debe ser evaluado por sus resultados, no por su capacidad para evitar escándalos, pero políticamente existe otra medición paralela inevitable: cuánto ayuda o cuánto complica cada integrante del gabinete al gobernador y, hasta ahora, Escalante parece haber entendido algo que no siempre resulta tan evidente entre quienes ocupan cargos públicos: no toda declaración necesita convertirse en posicionamiento.
A días del informe de Julio Menchaca, ese contraste merece observarse. La juventud suele asociarse con impaciencia y la política con ansiedad por el siguiente cargo, pero aquí, hasta ahora, ha ocurrido al revés. Nadie sabe qué vendrá después ni sería serio adelantarlo desde ahora, pero en medio de una especie de sucesión que varias figuras parecen empeñadas en comenzar dos años antes, la secretaria más joven ha optado por una estrategia bastante menos espectacular: hacer su trabajo y hablar cuando corresponde. Qué tiempos estos, donde curiosamente, la prudencia empieza a parecer hasta revolucionaria.





