La inteligencia artificial puede convertirse en el arma electoral más peligrosa.
La política mexicana está entrando en una nueva etapa. Durante décadas, la guerra sucia tuvo forma de panfleto, volante, periódico apócrifo, llamada telefónica, rumor de café o video editado de manera rudimentaria. Ahora puede tener rostro, voz y apariencia de realidad.
Con la expansión de la inteligencia artificial generativa, cualquiera con conocimientos básicos y recursos relativamente modestos puede producir textos, fotografías, audios y videos falsos con una velocidad y una escala que antes estaban reservadas a campañas profesionales. UNESCO advierte precisamente que la IA ha reducido las barreras para producir desinformación, permite dirigir contenidos a públicos específicos y dificulta detectar operaciones de influencia durante procesos electorales.
México -y particularmente Hidalgo- se acercan a un nuevo ciclo electoral y sería ingenuo pensar que quienes durante años utilizaron la guerra sucia van a renunciar a una herramienta mucho más poderosa. El panfleto tenía un problema, ya que había que imprimirlo, repartirlo y esconder quién lo había elaborado.
La inteligencia artificial tiene una ventaja perversa para quien pretende hacer daño, ya que puede fabricar una realidad que parece auténtica y distribuirla en cuestión de segundos. Y aunque posteriormente se demuestre que era falso, el daño puede estar hecho.
Ya no solamente se podrá fabricar una mentira. También se podrá sembrar la duda sobre la verdad.
A partir de ya, se sabe que la próxima guerra sucia electoral será audiovisual, y es que actualmente hay una condición diferente, porque la política entendió que una fotografía puede valer más que un discurso.
Sin duda, la tecnología no es el problema, el problema es la intención con la que se utiliza. La inteligencia artificial puede ayudar a un gobierno a mejorar servicios públicos, a un estudiante a aprender, a una empresa a ser más productiva, a un periodista a analizar enormes cantidades de información o a una persona con discapacidad a comunicarse. Puede servir para crear, para investigar, para educar, para innovar, para resolver problemas. Pero utilizarla deliberadamente para destruir la reputación de una persona es otra cosa.
Este será uno de los grandes dilemas de las próximas elecciones, ya que mientras una persona puede tardar 30 años en construir una reputación, alguien puede destruirla en 30 segundos.
Una fotografía falsa puede convertir a un candidato honesto en un supuesto corrupto, un audio fabricado puede hacerlo parecer borracho, agresivo o amenazante, un video manipulado puede atribuirle una conducta que jamás realizó, una conversación inventada puede hacerlo aparecer negociando algo ilegal.
Internet no tiene memoria corta. Tiene memoria infinita.
La regla periodística dice que “si no está confirmado, no se publica” y esto tendrá que adquirir una nueva dimensión, ya que, si un contenido parece demasiado escandaloso para ser verdad, hay que verificarlo más de dos veces.
La IA se perfila para ser el nuevo panfleto de la guerra sucia y se debe tener claro que la tecnología no es buena ni mala por sí misma, simplemente depende de quién la utiliza y para qué.
Si bien es cierto que la clase política tiene prohibido tener la piel delgada, la IA puede tratarse de un arma letal, capaz de doblar y arrodillar a cualquier funcionario o político, en el afán de destruir una reputación.
El juego político está por iniciar, y con ello se verán a partir de estos momentos verdades y mentiras que será difícil de descifrar, parte de la guerra oscura que existe alrededor de una contienda.
Al final, cada quien lamerá sus heridas y continuará avanzando su camino. Y la conclusión es que, la inteligencia artificial puede ser una de las grandes herramientas para construir el futuro. Sin embargo, sería una tragedia que termináramos utilizándola para destruir la verdad o para consolidar una gran mentira.





