Músculo sin aspavientos

También el formato dijo mucho el viernes pasado. En el informe hubo anuncios concretos –tres proyectos importantes de movilidad–, un recuento de lo trabajado, además de una previa que privilegió elementos culturales del estado sobre ocurrencias diseñadas para hacerse virales.

Habíamos dicho que este informe también se iba a leer en las sillas y así fue. Julio Menchaca llegó a su cuarto informe acompañado por una representación directa de la presidenta Claudia Sheinbaum, figuras nacionales de Morena, la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, el presidente del Senado de la República, demás senadores, una amplia representación de la política hidalguense y también estuvieron dos exgobernadores priistas, Francisco Olvera y Manuel Ángel Núñez. Lo quieran interpretar como quieran, políticamente el dato es sencillo: arropado sí estuvo.

Pero, quizá, lo más interesante no fue solamente quién acudió, sino la amplitud de la convocatoria. En estos tiempos de rumores sucesorios, chats incómodos que según fueron sacados de contexto (joya) y aspirantes que buscan acomodarse rumbo a 2027 y 2028, el gobernador consiguió una fotografía donde convivieron su movimiento, actores nacionales, viejas figuras del poder estatal y distintos sectores de Hidalgo. Eso no significa que todos sean menchaquistas ni que las diferencias políticas hayan desaparecido, pero sí demuestra capacidad de convocatoria.

También el formato dijo mucho el viernes pasado. En el informe hubo anuncios concretos –tres proyectos importantes de movilidad–, un recuento de lo trabajado, además de una previa que privilegió elementos culturales del estado sobre ocurrencias diseñadas para hacerse virales. En política existe una diferencia entre un informe serio y un mitin con show; al parecer, por fortuna, este fue lo primero.

Eso parece consistente con el estilo que Menchaca ha construido durante estos cuatro años, que se basa en menos estridencia que otros actores y ya no diga usted de su propio movimiento, hasta de su propio gabinete, y una apuesta mayor por proyectar gobernabilidad. Desde luego, un buen informe no sustituye los pendientes de un gobierno, como en todos los casos, las cifras deberán contrastarse y las obras anunciadas tendrán que realizarse, claro, pero un informe es en esencia un momento político, y el mensaje fue suficientemente claro sin necesidad de gritarlo.

A dos años de concluir su administración, quizá ahí esté comenzando a dibujarse la apuesta por el legado. No solamente cuánto se hizo, sino cómo se ejerció el poder ante tanto ruido político. Todavía falta mucho para saber cuál será, pero, por ahora, el cuarto informe dejó la señal de que se puede mostrar músculo político sin golpear la mesa y juzgue usted quién decidió sentarse alrededor de ella.