Nueva Alianza Hidalgo lleva varios años caminando cerca de Morena y, rumbo a 2027, todo apunta a que ambas fuerzas volverán a sentarse a negociar. Juana María Márquez Parrasales ya confirmó que existen conversaciones y que ven muy probable repetir una candidatura común, aunque también ha dejado claro que, si no hay acuerdo, su partido puede competir solo. Ni amenaza, ni rompimiento, simplemente política y quizá por eso Morena haría bien en escuchar con cuidado a este socio político.
Porque Nueva Alianza no llega a esa mesa de negociación como un partido que apenas busca dónde acomodarse, actualmente gobierna seis municipios y cuenta con cuatro diputaciones locales, mientras su dirigencia dice que quiere crecer en ambos frentes en 2027. Además, en el Congreso sus legisladores han acompañado y defendido distintas propuestas impulsadas por Morena, incluida la reciente reforma electoral. Es decir, la relación no ha existido solamente en las campañas, también ha tenido traducción legislativa.
Ahí está precisamente lo interesante. Mientras otros aliados de Morena han apretado duro y marcado públicamente diferencias en algunos temas, Nueva Alianza ha mantenido una relación bastante más estable y sin demasiado ruido. Eso no significa obediencia automática ni debería significarla, porque un aliado que siempre dice que sí a todo, termina valiendo poco en una negociación y, en cambio, uno que tiene estructura propia y aun así decide acompañar, vale bastante más, al menos en el papel.
También hay que reconocer que Juana Márquez ha llevado esa relación con un tono bastante distinto al de la política de discursos de templete. En sus declaraciones no ha cerrado la puerta a Morena, pero tampoco ha entregado el partido antes de sentarse a negociar. Su presidencia ha impulsado acciones para fortalecer sus estructuras y cuadros incluso fuera de temporada electoral. Esto puede parecer poca cosa, pero la prudencia es una de las formas más elegantes de hacer política.
Morena, desde luego, tiene más fuerza electoral que Nueva Alianza y nadie discute eso, pero una coalición no sólo es ver quién pone más votos, sino también analizar quién ha estado al lado en las decisiones difíciles. Si Nueva Alianza ha sido uno de los socios más constantes del proyecto en Hidalgo, entonces quizá el error sería tratarlo como si su lugar estuviera asegurado de antemano. Hasta los aliados más leales necesitan sentir que son importantes.





