En la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP21/CMP11), a finales de noviembre de 2015, en París, 195 naciones se sentaron para discutir sobre el cambio climático y el futuro del planeta. El 11 de diciembre de ese año las pláticas concluyeron exitosamente, concretando el acuerdo para limitar el aumento del calentamiento global entre 2 y 1.5 grados.
Con ello, la vida en el planeta recibía una buena noticia, pues se habría una puerta de esperanza para la humanidad, al lograr unir los esfuerzos de las naciones del mundo para que el aumento de la temperatura promedio en el planeta no supere los 2 grados centígrados, en relación a su nivel preindustrial; así como para multiplicar los esfuerzos y limitar su aumento a los 1.5 grados en el futuro.
En ese mismo año, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, anunció un plan ambicioso para luchar en contra del cambio climático y reducir las emisiones de CO2, con lo cual se pretendía que ese país redujera en un 32% sus emisiones de carbono en las centrales termoeléctricas, respecto a los niveles de 2005. Con ello, ese país se proponía hacer una aportación de 870 millones de toneladas menos de dióxido de carbono lanzadas a la atmósfera.
No olvidemos que Estados Unidos sigue siendo el segundo país que más emite CO2, después de China. Este último país, en 2015 había anunciado medidas para reducir la contaminación y avanzar hacia la generación de energías limpias, comprometiéndose a reducir en un 25% sus emisiones de CO2 en 2030.
En China, el consumo de carbón pasó de 9% a 10% entre 2000 y 2010, se redujo en un 3% en 2014 y había disminuido un 7.5% en 2015. Pero China se había propuesto aumentar el consumo de la energía renovable en un 20% en 2030 y cerrar sus plantas de carbón, que son las más contaminantes, las cuales generan más del 70% de la electricidad que consume el país.
En medio de la euforia que provocó el éxito de la Cumbre sobre el clima de París y los acuerdos logrados, la Unión Europea se propuso reducir en 40% las emisiones de gases efecto invernadero para el año 2030, respecto a los niveles de 1990. La cuota de las energías renovables para alcanzar en el año 2030 se estableció en al menos 27%, un poco más ambicioso que el compromiso previo de 20% para2020. El propio Japón anunció a mediados de 2015 que reduciría sus emisiones en un 26% para el año 2030, respecto a sus emisiones de 2013.
En septiembre de 2016, China y Estados Unidos sorprendieron al mundo al ratificar formalmente el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, en el marco de la Cumbre del Grupo de los 20 (G20) efectuada en China. Con ello, por vez primera en el planeta se establecían nuevas bases para luchar contra el calentamiento global del planeta y se creaban las bases para que todos los Estados ratificaran los acuerdos, pues los dos países responsables de la producción de más del 40% del total de las emisiones de CO2 se ponían a la vanguardia.
El Acuerdo de París, negociado entre 195 naciones en diciembre de 2015, entrará en vigor cuando al menos 55 naciones lo ratifiquen, lo que en teoría representarían la reducción de más del 55% de las emisiones de CO2. Hasta antes que China y Estados Unidos ratificaran los acuerdos, 23 países ya lo habían hecho, pero sólo eran responsables de la producción del 1% de las emisiones globales, según el Instituto de Recursos Mundiales.
Ahora, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pretende sacar a su país de los acuerdos de París y anunciarlo públicamente en los próximos días, lo que dejaría sólo a Europa y China al frente de este movimiento por salvar el paneta y la vida en él, pues el magnate prefiere mantenerse fiel a sus promesas de campaña que ceder a favor de la vida en la Tierra.
Si se concreta la retirada de Estados Unidos de los acuerdos de París, este país estaría no sólo dándole la espalada a las 194 naciones que firmaron los acuerdos, sino a la vida en la Tierra, pues continuaría lanzando toneladas de gases que contribuyen al calentamiento global y a la destrucción del planeta. A estas alturas, hay pocos países que no han firmado los acuerdos de París, como Rusia, Siria y Nicaragua.
Trump se ha comprometido a tomar su decisión final en los próximos días. Ahora, sólo queda esperar que el gobierno de Estados Unidos reaccione ante el deterioro de su reputación mundial y se mantenga dentro de los acuerdos de París, incluso revisando sus compromisos a la baja.
Hoy se baraja la opción de que Estados Unidos inicie la retirada formal, protocolaria, lo que tardaría tres años en concretarse o que el gobierno niegue el acuerdo firmado con la ONU sobre el cambio climático salga de inmediato, lo que requeriría de la aprobación de dos tercios de los senadores. Sin embargo, de concretarse, no sería la primera vez que este país le da la espalda al planeta y la vida en él, pues no firmó nunca el acuerdo de Kyoto en 1997, pero lo más relevante es que China y Europa se han comprometido a mantener sus compromisos.
Por: José Luis Ortiz Santillán
Economista, amante de la música, la poesía y los animales. Realizó estudios de economía en la Universidad Católica de Lovaina, la Universidad Libre de Bruselas y la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba. Se ha especializado en temas de planificación, economía internacional e integración. Desde sus estudios de licenciatura ha estado ligado a la docencia como alumno ayudante, catedrático e investigador. Participó en la revolución popular sandinista en Nicaragua, donde trabajó en el ministerio de comunicaciones y de planificación. A su regreso a México en 1995, fue asesor del Secretario de Finanzas del gobernador de Hidalgo, Jesús Murillo Karam, y en 1998, fundador del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión.







