A rajarse, a su tierra

Mireya encontró el amor en España y dejó familia, amigos y trabajo en México para lanzarse a la aventura en el viejo continente, aunque ha sido difícil y nunca han faltado las “piedritas en el camino”, se siente agradecida por la bendición que ha sido su esposo en esta nueva vida.

Mi nombre es Mireya Ruiz tengo 39 años, orgullosamente mexiquense de nacimiento y saltillense por adopción. Soy ingeniera industrial y estudié la maestría en Administración de sistemas de calidad. Mientras estudiaba la carrera, trabajé en la administración pública del municipio de Saltillo y del gobierno del estado de Coahuila, en la Secretaría de Desarrollo Social, lo cual me permitió liderear, desarrollar y gestionar proyectos, asegurándome que los recursos se administraran correctamente y que fueran destinados a quienes más lo necesitaban; y lo mejor de todo es que aplicaba los conocimientos que obtenía en la universidad para optimizar y mejorar procesos administrativos.

Ya como ingeniera, tuve la fortuna de trabajar en México para varias empresas automotrices y manufactureras como Kimberly Clark, Chrysler, John Deere, Magna Powertrain y ZF Powertrain, en las áreas de calidad, logística, compras y desarrollo de materiales y proveedores. Gracias a ellas tuve la oportunidad de viajar a diferentes países auditando proveedores, desarrollando y participando en proyectos como la transferencia de una planta de Canadá a México, entre otros.

Asimismo, tuve la oportunidad de trabajar para Global Process Management, una empresa neozelandesa, como ingeniero de Soporte Global y de Negocios, en proyectos en Brasil, Sudáfrica y Perú.

Un par de años después, tuve la inquietud de ayudar y servir a los demás y dejar de pensar un poco en mí, así que me fui de misionera a Cebú, Filipinas para impartir catecismo a niños de escasos recursos que vivían cerca de un convento donde yo me hospedaba, también daba clases de inglés y catecismo a niños que vivían con sus familias dentro de un cementerio chino, apoyaba en un orfanatorio para cuidar niños entre 0 y 7 años, así como compartir tiempo y acompañamiento a 3 señores que se estaban reincorporando a la sociedad. Fue una experiencia de casi cuatro meses, que me sirvió para aprender a ser humilde, a dejar de preocuparme tanto por las cosas materiales y reconocer que lo más valioso está en el interior de las personas. No aprendí a hablar bien cebuano, sin embargo, aprendí que las acciones y los gestos dicen más que mil palabras. Estando en Asia, tuve la fortuna de viajar a un país paradisiaco y precioso: Tailandia.

¿Cómo llegué a España?

La historia de porque me encuentro ahora en España surge hace unos años, cuando mi marido viaja a Bilbao, por un Congreso al que asistía de parte de la Universidad de Málaga y yo me encontraba en dicha ciudad, para realizar un proyecto de logística por parte de la empresa ZF. Una noche cenando, nos conocimos, estuvimos platicando un par de horas. Al cabo de un rato, Julio me pidió mi número de teléfono y yo le di la tarjeta de la empresa, él me dijo que grabara su número de teléfono en mi móvil, pero yo le dije que no era necesario, que cuando él me llamara yo registraba su número.

Al día siguiente él finalizó su Congreso y regresaba a Málaga, yo trabajé ese día y preparé mis cosas porque al día siguiente volaba a México. Me tenía un tanto intrigada ya que no me había llamado ni enviado ningún mensaje, como recordaba su nombre le envié una solicitud por LinkedIn, en menos de 30 minutos como las pizzas, me aceptó y me mandó un mensaje diciendo que se le había perdido mi tarjeta y me agradecía que lo hubiera contactado, intercambiamos teléfonos y seguimos en contacto por WhatsApp. He de confesar que había algo en él que me llamaba mucho la atención, sin embargo, cuando lo conocí no sentí ningún tipo de atracción, ya que en ese momento mi prioridad era el trabajo, viajar y mis actividades normales.

Después de un par de meses que seguimos en contacto, comenzamos a ser novios, un día me dice que iría a México para pasar las vacaciones de diciembre conmigo y con mi familia. Sinceramente no lo creía en un principio, sentía nervios de que mi novio -a quien solamente había visto en una ocasión-, estaría en México pasando Navidad y año nuevo con nosotros, y así fue. Mi familia estaba encantada con él, ya lo conocían por videollamada y les agradaba.

En marzo viajé con mi mamá a España para conocer Asturias, donde mi bisabuelo nació y también conocer Málaga y a la familia de mi novio. Mi mamá quedó encantada con su familia y, por supuesto, con Julio. La relación iba cada vez mejor, a pesar de que era a larga distancia. Julio tenía que comenzar con su residencia profesional del doctorado y pidió la oportunidad de hacerla en el Tecnológico de Monterrey, con la intención de que pudiéramos convivir más tiempo. Ahí fue cuando mi marido y yo decidimos que queríamos casarnos y que la mejor opción era venirnos a vivir a España. Ambos creíamos que iba a ser muy sencillo para mí, conseguir trabajo en España debido a la experiencia profesional e internacional que tenía, sin embargo, la situación no fue así.

Enviaba currículums, pero pasaron meses y no salía ninguna entrevista de trabajo

Me dio tristeza dejar mi trabajo en México ya que era una muy buena posición, disfrutaba al máximo de mi trabajo y proyectos, tenía más de 90 personas a mi cargo, un muy buen sueldo (que por cierto me lo subieron con la intención de que siguiera en la compañía y no renunciara), pero para mí ya estaba decidido.

Al llegar a España hicimos todos los trámites para casarnos, obtuve la residencia y comencé a enviar currículums a diferentes empresas de España. Pasaron los meses y no salía ninguna entrevista, como otra alternativa empecé a buscar opciones para ingresar a la universidad a estudiar el doctorado u otra maestría, pero el plazo para extranjeros ya había pasado y bueno la homologación de mi título estaba en proceso.

Pensé que quizá estaba exagerando al tratar de conseguir un empleo como el que tenía en México, así que empecé a buscar trabajo como dependienta de alguna tienda, hostess, mesera o algo similar. Me di cuenta de que para obtener uno de esos empleos necesitaba tener la certificación de manipulador de alimentos, así que rápidamente me puse a tomar el curso y ya cumpliendo el requisito seguir buscando trabajo.

Al estar buscando información, encontré un concurso del programa de “Vives emprende”, para desarrollar un modelo de negocio, así que participé con el desarrollo de Copito Fresh”, un negocio dedicado a la producción y venta de congeladas (yukis) de sabores mexicanos como elote, fresas con crema, mazapán, entre otros.

El desarrollo fue muy bien, no obstante, descubrí que poner un negocio en España requiere mucho dinero y más tratándose de alimentos, debido a la inversión en instalaciones que se debe de hacer para cumplir con los requisitos gubernamentales; además del porcentaje de impuestos que hay que pagar independientemente de si eres pequeño contribuyente, negocio de reciente creación o si tienes una empresa grande o ya tienes tiempo en el mercado. Considerando que no tenía el dinero suficiente para invertir, dejé el proyecto en stand by.

Gracias a este proyecto conocí a una mexicana que me puso en contacto con más mexicanos y ahí conocí a Norma, con quien colaboré meses más tarde haciendo presentaciones de bailables mexicanos en diferentes eventos en Málaga y Cádiz. Era un orgullo para mí poder representar a mi país y compartir nuestras tradiciones, la belleza de nuestros bailables y de la música mexicana.

Continúe con mi búsqueda de trabajo, pero no salía nada y la homologación de mi título seguía en proceso. Cuando acudí a una oficina de gobierno para recibir asesoría para buscar trabajo, me dicen que en España la experiencia profesional internacional que yo tenía no era válida debido a que no la obtuve estando en nómina dentro una empresa de la Unión Europea y por lo tanto mi hoja oficial (que incluye la experiencia profesional y estudios) estaba vacía. Sentí una frustración inmensa, desesperación, tristeza y hasta ganas de regresar a México. Lloré, pataleé y sí me deprimí. Mis días consistían en ir al gimnasio, leer libros, ver la televisión, pero no era feliz a pesar de tenerlo todo.

Y llegó la pandemia

Yo deseaba poder regresar a trabajar, hacer lo que me apasionaba, pero tal parecía que este país y yo no estábamos en sintonía. Me metí a tomar cursos de todo lo que encontraba, con el fin de poder conseguir trabajo, estudié una certificación en logística, cursos de Big Data, entre otros. Después llegó la pandemia y con ella, el cierre de negocios y empresas.

Pasaron los meses y tuve oportunidad de comenzar a estudiar un curso que brindaba una empresa mexicana online, al finalizarlo, me becaron para estudiar otro más. Le mandé un correo al director de esta empresa para comentarle que yo estaba en España, que estaba buscando trabajo y que si él sabía de algún contacto con el que me pudiera recomendar para conseguir empleo.

Tuve la bendición de poder entrar a trabajar con ellos como consultor y formador para empresas en México y en Estados Unidos. Posteriormente, comencé una certificación en la Universidad de Monterrey sobre manufactura de clase mundial y el sistema de producción Toyota. Teniendo ya la homologación del bachillerato, estudié otros cursos sobre gestión de base de datos y mejora continua. Participé en el European Coworking desarrollando el modelo de negocio de la consultoría de Alfra en España.

En ese momento yo no tenía recursos suficientes para invertir más que mi trabajo y mi tiempo, y la empresa no estaba interesada en invertir en España, ya que la mayoría de clientes se ubican en Estados Unidos, Rumanía y México. Pasaron los meses, yo continuaba dando entrenamiento virtual a empresas en Estados Unidos y México, pero al eliminarse algunas restricciones y comenzar a volver a la normalidad, las consultorías y entrenamiento se hacía en sitio, por lo que dejé de tener clientes y, por lo tanto, no tenía ingresos.

Otra vez comencé a desesperarme y también me sentía frustrada por no poder conseguir un empleo, para algunos puestos estaba sobre calificada y para otros no cumplía los requisitos. Dicen que, para trabajar en España, siendo extranjero, aún cuando tengas la residencia lo más complicado es que te contrate una empresa debido a todos los trámites que tiene que realizar, ya cuando estuviste contratado en una empresa es más sencillo que puedas conseguir otros empleos. En mi caso no podía conseguir ni el primer empleo.

Pasando el tiempo me llegó, por fin, la resolución a mi solicitud de homologación y, para mi mayor sorpresa, lo que se había tramitado no había sido la homologación, sino la equivalencia de estudios, lo cual realmente no me servía para nada. Obviamente estaba enojada, triste, frustrada y molesta porque no entendía por qué las cosas se estaban dando de esta manera y por qué me aparecían tantas piedritas en el camino.

Mi esperanza era conseguir pronto la nacionalidad española y así tener más ventajas para obtener un empleo. A casi 2 años de haber metido la solicitud, me llegó una carta indicando que faltaba un documento certificado, efectivamente, la carta de no antecedentes penales la había entregado sin apostillar. Volví a solicitar la carta apostillada, me la enviaron de México, ingresé de nuevo los documentos y al cabo de un mes me llegó una resolución diciendo que al no haber recibido el documento quedaba archivada mi solicitud de nacionalidad. Fui a pedir informes sobre qué hacer, metí un recurso junto con todos los comprobantes y documentación para que confirmarán que todo lo había entregado en tiempo y forma de acuerdo con lo que me habían solicitado.

De ingeniera a youtuber

Como estaba tan inquieta y quería hacer algo productivo, inicié mi canal “Extranjeras en el extranjero” donde entrevistaba a mujeres que se encontraban fuera de su país de origen, quienes me platicaban cómo había sido su experiencia, de manera que sirviera como inspiración para otras muchas mujeres para vivir esta aventura, así como para entender que esta experiencia es difícil pero que vale la pena intentarlo y vivirlo.

Tuve la fortuna de ingresar a la Red Global MX, conocer profesionistas mexicanos que viven en el extranjero y realizan varias actividades para fomentar en los jóvenes mexicanos el prepararse y desarrollarse profesionalmente, eliminando paradigmas e inspirarlos a continuar sus estudios y, por ende, sus sueños.

He tenido oportunidad de impartir charlas a jóvenes universitarios, lo cual me llena de orgullo, porque ha sido compartir parte de mi experiencia y conocimientos, pero, sobre todo, el ser motivación para que más jóvenes, principalmente mujeres, vean que es posible “sobresalir en un mundo de hombres” (como aún lo es la industria), el quitarnos bloqueos y seguir adelante aun cuando haya varias situaciones en contra, recordando que los aviones se elevan más, mientras más viento tengan de frente.

Volver a ser estudiante

Mientras todo esto ocurría apliqué para estudiar en la Universidad de Málaga el ster en Ingeniería Industrial, al cual afortunadamente pude ingresar. Ha sido una experiencia difícil el tener que recordar cosas que estudié hace 15 años o más, el recobrar el ritmo de estudiante, el ser más flexible y humilde, reconociendo que quizá mi capacidad no es la misma a la de mis compañeros que tienen veintitantos años.

He tenido que trabajar en mi ego, ya que yo me gradué de la universidad como el segundo mejor promedio de la generación y de la maestría con un promedio superior a 9.5 y, ahora, soy feliz y estoy agradecida de aprobar una materia con un 5, un 7 o un 8 y hasta reprobar alguna.

¿Mi mayor apoyo? mi marido

En todo esto mi marido ha sido mi mayor motivación, mi mayor apoyo, respaldo, fortaleza y hasta paño de lágrimas. Entre broma y broma, le he dicho que, si hubiera estado casada con alguien más, ya me hubieran divorciado porque este ritmo de estudiante del máster en la universidad, de otro máster que estoy estudiando online en Dirección de Empresas y de ama de casa, difícilmente alguien lo puede aceptar.

Es madrugar, estudiar desde temprano, hacer tareas, hacer comida y limpiar la casa cuando se puede, estar toda la tarde en la Universidad para regresar en la noche a la casa para conectarme a tomar clases online, hacer tareas, estudiar y al día siguiente comenzar de nuevo. En serio soy muy afortunada por el gran marido que tengo y porque a pesar de tantas adversidades, sé que Dios me bendice y me manda a las personas perfectas como lo son un par de amigos de la universidad quienes me han ayudado explicándome temas de eléctrica, automatización o tecnología de máquinas para prepararme para los exámenes.

“A rajarse, a su tierra”

España me gusta, es un país hermoso que como cualquier otro tiene sus pros y sus contras. Málaga es una ciudad divina y tanto los malagueños como los andaluces en general, son personas muy cálidas y maravillosas. Me ha brindado la oportunidad de conocerla, de realizar el Camino de Santiago, de visitar la hermosura de sus castillos y ciudades en Extremadura, maravillarme con las hermosas obras de arte de los museos de Madrid y, sobre todo, conocer a mi marido en Bilbao.

La lección más importante que he tenido es el aprender a ser paciente, el insistir y tener la confianza de que todo llegará en su momento perfecto; el que, si las cosas fueran sencillas, cualquier persona las haría; el que todo esfuerzo tarde o temprano tiene su recompensa y el que hay que disfrutar de la vida agradeciendo cada oportunidad que tenemos.

No me queda más que decir que hay que seguir adelante, luchar por conseguir nuestros sueños, vivir, disfrutar y actuar en el presente para tener un futuro mejor. Y como decimos en México: “A rajarse, a su tierra”.


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