En el DIF Hidalgo hay una regla no escrita que no todos entienden con facilidad. La presidenta del Patronato tiene que encabezar la parte social y pública de la institución, mientras la Dirección General debe hacer que todo funcione sin competir por el reflector. Ricardo Alvizo parece haber entendido bastante bien esa lógica. Esta semana apareció en la mañanera estatal para explicar la capacidad de respuesta del organismo ante las lluvias, con 446 espacios identificados como albergues y una reserva de apoyos alimentarios para una eventual emergencia. No fue un anuncio construido alrededor de su persona, sino una explicación concreta de lo que el DIF tiene listo si la situación se complica.
Eso importa porque el puesto que ocupa tiene más peso del que normalmente se alcanza a ver. Mientras Edda Vite Ramos encabeza la parte más visible del DIF, al director le corresponde operar al organismo para que dé resultados. La propia estructura le asigna responsabilidades administrativas amplias, desde ejecutar las decisiones de la Junta de Gobierno, atendiendo observaciones de fiscalización, hasta conducir su funcionamiento interno. En otras palabras, es uno de esos trabajos donde, si todo sale bien, nadie preguntará quién resolvió el problema, pero si algo sale mal, el nombre del director aparecerá enseguida.
Alvizo ha sabido mantenerse en ese segundo plano y aun así destacar. Durante su gestión, el DIF obtuvo certificaciones internacionales en sistemas antisoborno y de cumplimiento, procesos que implicaron auditorías y ajustes internos, y en los que él mismo reconoció el trabajo de las distintas áreas antes que adjudicarse personalmente el resultado. Esa forma de acompañar el proyecto de Edda Vite quizá explique por qué hasta ahora su presencia pública ha estado más asociada con la operación del organismo que con declaraciones políticas o alguna carrera desesperada por aparecer en todas las cámaras.
A pesar de todo esto, no debemos olvidar que el DIF atiende temas sumamente delicados y a población especialmente vulnerable, por lo que cualquier error ahí cuesta mucho más que en otros lados. Por eso Alvizo, igual que cualquier funcionario, debe seguir sujeto al escrutinio, más todavía cuando el organismo presume estándares de cumplimiento y transparencia, pero aquí el asunto es que en un gobierno donde varios personajes han conseguido notoriedad precisamente por sus tropiezos o por vivir demasiado pendientes del siguiente cargo, sí llama la atención un perfil que ha preferido mantenerse atento al trabajo cotidiano y a una presidenta del Patronato que claramente lleva la conducción política y social del organismo.
Ricardo Alvizo todavía tiene mucho camino político por delante y sería prematuro adivinar qué vendrá después, pero lo que sí puede decirse hoy es que parece haber entendido exactamente cuál es su papel y no pelear por uno que no le corresponde. En política, entender los tiempos es una cualidad de pocos y, si mantiene esa fórmula, quizá termine llamando la atención a tiempo.





