AMLO le teme al aborto; ¿acaso tenemos un presidente conservador?

Luego de que la SCJN prohibiera la penalización del aborto en México, el presidente López Obrador sólo ha tenido una postura: el silencio. ¿Acaso es un conservador el que está al mando del país?

Ha sido la Suprema Corte de Justicia de la Nación la que ha autorizado el aborto y prohibido su penalización. Políticos y políticas le tuvieron miedo a la doble moral de nuestra sociedad, que por un lado exige honestidad y por otro criminaliza a las mujeres que deciden sobre su cuerpo ¡y su futuro!

El propio presidente le tuvo miedo al tema y se ocultó. Si está a favor o en contra, nadie lo sabrá, pero sí hizo a un lado a las miles de mujeres que luchan día a día por sus derechos e invisibilizó a las que toman decisiones sobre su cuerpo en un contexto de pobreza.

En este tema, su preocupación no fueron “los más pobres” (sí, en masculino inclusivo, como los conservadores), sino el peso político de hacer visible su verdadera inclinación o postura. En otras palabras, consideró que su popularidad se vería afectada sí o sí, y prefirió el silencio.

La decisión de la Corte está desligada de supersticiones. La vida” está plagada de ideas o conceptos supersticiosos, poco racionales, igual que muchas posturas o inclinaciones de políticas y políticos. A ellas y ellos poco les importa la situación de pobreza, el futuro, la personalidad y la libertad sexual porque defienden estigmas y estructuras desiguales e invisibilizan los propios derechos de niños y niñas.

El discurso de liberales versus conservadores no le queda al presidente en este tema. Más allá de su silencio, actuó como un conservador temeroso de Dios (el electorado).

Bien por las mujeres que fueron privadas de su libertad después de haber puesto en peligro su vida por no tener acceso al aborto seguro; bien por aquellas que sufrieron el castigo social y bien por procurar garantizar que niños y niñas nazcan y crezcan en un entorno donde son deseados, queridos y tendrán más posibilidades de ser felices.

La investidura presidencial no se mancha con la transparencia de las posturas, se mancha con el silencio y la omisión que permiten la criminalización.

El presidente le tuvo miedo al aborto. Su edad, “La Chingada” y los tres años de su mandato aún están lejos de ser considerados. Las elecciones de años venideros aún están en su mira.

Autor: Leonardo Flores Solís

Abogado de profesión y activista por vocación. Soy producto de la justicia social. Maestro en Derecho por la UNAM y licenciado en Derecho por la UAEH. Soy más puma que garza.


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