Auschwitz, el campo de muerte

Auschwitz, el campo de la muerte donde el genocidio de los judíos alcanzó un escenario dantesco, constantemente vuelca la memoria sobre los crímenes de lesa humanidad que no deben repetirse.

Las diferentes narrativas de los sobrevivientes no dejan de impactar al mundo, los sucesos de brutalidad de la SS suelen sobreponerse a cualquier imaginario que se haya querido representar, y con la dureza de los tiempos, ese escenario se recrea como un “nunca jamás”, advirtiendo que los hombres podemos sembrar la muerte cuando el poder de la ideología se convierte en instrumento de terror y muerte.

Miles de los judíos sobrevivientes de los campos de concentración reedificaron sus vidas, pero no sin que las huellas del holocausto se pudieran borrar de su existencia.

La diáspora judía de la Segunda Guerra Mundial condensa amargura y desolación, un empezar desde abajo y con el esfuerzo de un trabajo que se insertó en diferentes países que recibieron la migración judía, algunos con amistad y otros con reticencia.

Sin duda, la fundación del Estado de Israel, controvertida hasta nuestros días, ha significado enfrentar una lucha perene cuyas estelas de presión social siguen evocando que la paz y armonía duradera para el pueblo judío aún no llega.

En Jerusalén se encuentra el Museo del Holocausto Yad Vashem, que alberga innumerables testimonios fotográficos, artísticos, e incluso objetos hechos con la piel, el cabello, dientes, uñas de los mártires de los campos de concentración, pero sobre todo, muestra las huellas de un genocidio sin precedentes en la historia de la Humanidad que no puede ni debe ser negado porque, lamentablemente, las nuevas generaciones que todavía conocen las narrativas y análisis del holocausto no lo suelen apreciar con la seriedad y el impacto que tiene, se ha vuelto en muchos casos “ficción de cine” o narrativa distante.

Auschwitz es un vestigio de muerte que ha dejado una mancha en la historia de la Humanidad, y no puede convertirse en suvenir de turista, como se presenta en muchos que lo visitan con la morbosidad de recrear la muerte, la tortura y la humillación humana, sin detenerse a pensar las implicaciones.

En Auschwitz la muerte nos recuerda que la vida en un valor sagrado, que no puede sacrificarse en aras de la brutalidad ideológica, cuestión que con frecuencia se olvida en un mundo que de la muerte parece vestirse.

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Por: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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