Bendito condón

LOCURA. No hubo tiempo ni espacio, nos desgarramos de placer y la ropa no fue un obstáculo, no hubo tiempo…

La noche transcurre y el sexo es intenso, se moja una y otra vez provocando que el aliento se reseque, los suspiros aumenten y las caricias se desborden; no puedo dejar de ver su cuerpo desnudo, sus senos me enloquecen al tiempo que sus muslos me apretujan en un éxtasis infinito.

Suculento como manjar se proyecta su cuerpo al cabalgar con el mío, los mimos son interminables y el jugo de su transpiración lubrica el roce; nada está escrito y la exploro hasta encontrar el punto “G”, entonces gime y grita, nada la contiene, ha perdido el control y en mi impaciencia la penetro sin cesar. Es el Olimpo y Hera se hace presente.

No hubo tiempo ni espacio, nos desgarramos de placer y la ropa no fue un obstáculo, no hubo tiempo, la penetré sin condón y no puedo negarlo: el apetito se desbordó haciendo de la pasión un infinito gozo; eyacular fue el postre, tocarla hasta saciar mi apetito y curiosidad, la verdadera comida.

Nos montamos nuevamente, esta vez sus pensamientos e imaginación se convierten en deseo desenfrenado, sus pezones se endurecen y sus pechos se vuelven montañas nevadas mientras ella me masturba y me suelta, me toma y me deja sin descanso; no hay tregua porque nuestras lenguas se han enloquecido, el frenesí nos lleva al clímax juntos. Hemos triunfado, hicimos del orgasmo imaginación que mitiga el deseo, pero sólo es momentáneo.

Exhaustos dormitamos, el sueño se apodera y vaciamos las ansias hacia la ventana onírica, es palpable que la penumbra nos arropa y también lo es que el cansancio nos lleva al sueño.

Entonces sus cálidas manos me despiertan, pasa su lengua por mi oído y me doy vuelta, meto mi lengua en su boca y me deleito con el aroma de su cuerpo, nuevamente la sangre se agolpa, acompaña a mis manos que le tocan el pubis, lampiño como lo exige el erotismo, terso por la frescura de su piel, rojizo por la calentura y húmedo por el placer, presto al juego erótico que encierra ternura y amor.

El amanecer ha llegado, la contemplo y observo cómo emerge entre sus piernas mi semen, ella está orgullosa y yo absorto por una noche de pasión que se habrá de repetir. ¡Bendito sea el condón que no usé!

Consultoría Política y contacto público: [email protected]

Autor: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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