En un creciente clima de confrontación política en Hidalgo, mis únicos y queridos lectores, el desencuentro político que ya no acapara los reflectores con el PRIAN, sino que se ha desplazado hacia el epicentro de la revocación de mandato de la gubernatura y la pugna intestina de la izquierda, impone puntos de reflexión sobre ¿cómo dirimir este entuerto político?
La respuesta no es lineal y tiene, en un primer momento, la lectura de un pasado tribal de la izquierda que ha tenido una escabrosa transición en el epicentro de la disciplina de partido que, inclusive, fue la causa de la defección política de López Obrador en el PRD y que lo llevó a constituir Morena porque se percató ampliamente que con el PRD el fracaso político estaba garantizado y la historia le dio la razón.
En un planteamiento anexo se encuentra la crítica hacia la fortaleza ideológica de la izquierda y los grupos de poder. En este trazo sobresale que las ambivalencias de posturas ideológicas, de grupos con ambición sectaria y el desconocimiento político permearon las condiciones de construcción de esa izquierda que, como primer objetivo, tuvo el de democratizar el sistema político en México que por décadas controló el PRIAN.
En estas lógicas, en Hidalgo la izquierda se radicalizó, fracturó y terminó escindida, atomizándose entre el PRD, grupos políticos al mando de la verticalidad de personeros que se sentían más y con mayor fuerza que el partido, y con la migración en desbandada a Morena.
Empero, muchos de los personeros de la izquierda que se integraron en Morena pretendieron y pretenden transpolar la lucha tribal y de hombres fuertes a un esquema de partido diametralmente distinto, donde la transición política de un movimiento a un partido político hegemónico de izquierda deja otros entramados políticos que no han sido comprendidos en su justa dimensión.
Es, desde luego, la disciplina y el orden político una de las caras del obradorismo que aleccionó con su vitalidad la toma del poder. Jamás habría sido posible que la izquierda llegara al poder con ese PRD sectario, tribal y de hombres fuertes.
Hidalgo vive un momento de redefinición política de la izquierda, donde las variables y los encontronazos se han incrementado entre la izquierda radical y la estructura política de Morena. En este escenario existen factores que van más allá de una disputa ideológica por imponer una línea “pura” de pensamiento de izquierda; también está la exigencia de la conformación de cuadros auténticos de izquierda.
El creciente éxodo de personeros del PRIAN a las estructuras gubernamentales, no sólo en Hidalgo sino a nivel nacional en Morena, ha creado desencuentros de diversa índole, cuestionando la lealtad política como instrumento discriminador del encargo público. De igual manera, existe una rencilla política por recuperar la memoria histórica de ascenso de la izquierda: a saber, ¿quiénes son en carne y hueso los que lucharon por deponer al antiguo régimen y crear lo que hoy es Morena?
La izquierda radical en Hidalgo se siente traicionada y lastimada y, en ello, el pragmatismo tribal parece emerger como instrumento de lobby político contra el gobierno de Julio Menchaca, pero, también, en un llamado a nivel nacional.
Esta compleja realidad avizora encontronazos de cara a la sucesión transexenal del 2028 en Hidalgo. La revocación de mandato que exige Izquierda Unida, tratando de deponer del poder al gobernador Julio Menchaca, es sólo la punta del iceberg en una lucha intestina que habrá de develar las variables de cohesión y fuerza en Morena.
Por: Carlos Barra Moulain
Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.





