Discriminación, ¿sin intención?

La discriminación está oculta en cientos de conductas que pueden parecernos inofensivas, por lo que es necesario hacer consciencia y no perpetuar una práctica que afecta a millones de personas en todo el mundo.

Contexto: Cada 1 de marzo se celebra el Día Internacional de la Cero Discriminación. 

El artículo 1 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece: “Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas*. Así mismo existen diversos tratados internacionales de los que México es parte y de los que se desprende la eliminación de toda forma de discriminación. 

Sin embargo, ¿es posible que exista una discriminación sin intención? Dicen que quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. 

En ocasiones podemos pensar que jamás hemos discriminado, que seríamos incapaces de hacerlo, incluso condenamos la discriminación tajantemente, pero ¿realmente nunca hemos discriminado? O quizás alguna acción nuestra que califica como tal ha pasado inadvertida o ha sido minimizada, al considerar que la discriminación es un acto de denostación visible, grave y recurrente por el cual se menoscaba a otra persona por su aspecto, ideología, origen, creencias, autodeterminación, preferencias o cualidades propias. Lo que implica que muchas veces minimicemos nuestras propias acciones, tratemos de justificarlas e incluso ponerles otro nombre que no sea propiamente “discriminación”.

¿Alguna vez has expresado que otras personas merecen menos que tú? ¿Alguna vez has volteado la mirada hacia otro lado cuando alguien te pide ayuda? ¿Alguna vez te inconformaste porque las personas en situación de vulnerabilidad o desventaja recibieran un apoyo o incentivo? ¿Alguna vez criticaste a alguien por su forma de vestir? ¿Alguna sentiste temor porque tener cerca a alguien con tatuajes? ¿Alguna vez pensaste que estaban mal las expresiones públicas de afecto entre personas de la diversidad sexual? ¿Alguna vez consideraste que alguien con una ideología distinta a la tuya era una persona equivocada o retrógrada? ¿Alguna vez criticaste a alguien que tenía una creencia religiosa diversa a la que profesas? ¿Alguna vez dejaste de invitar a alguien por considerar que no encajaba? ¿Alguna vez comentaste que no deberían apoyar a los migrantes en el país? Si tu respuesta fue afirmativa a cualquiera de estas preguntas -que son mínimas opciones-, entonces también has discriminado. 

Discriminar a veces es tan fácil que podemos hacerlo de manera inconsciente, o bien, minimizando la situación. Existen tantas formas de discriminación que pueden estar presentes en casa, en el trabajo, en nuestras actividades cotidianas; lo importante es poder reconocer las acciones y actitudes con las que podemos estar discriminando a otras personas. Al identificarlas, será más fácil evitarlas, tratar a cada persona con el mismo respeto y tolerancia con los que desearíamos ser tratados y transmitir esa misma formación de respeto a las nuevas y futuras generaciones. 

La no discriminación debe ser una realidad y no una simple expresión más.

Autor: Nubia V. Paredes

Soy orgullosamente mexicana, abogada de profesión, especialista en derechos humanos por vocación, analista de derechos políticos por pasión y filántropa por convicción. Y para mitigar la curiosidad soy acuario.


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