El calor del sol azteca

Para los amarillos, acercarse a un bloque políticamente dominante puede significar posibilidades políticas reales de conservación del registro y para los guindas, contar con una fuerza progresista adicional puede resultar útil en municipios donde las negociaciones internas o con sus aliados tradicionales se compliquen.

Algo se está moviendo alrededor del PRD Hidalgo y ya no parecen guiños aislados. Hace unas semanas hubo acercamientos con figuras nacionales de Morena y ahora el partido llama abiertamente a la unidad de las fuerzas progresistas, al tiempo que expresa su respaldo a Claudia Sheinbaum y a Julio Menchaca. Formalmente, hablan de soberanía nacional y de causas históricas de la izquierda, pero políticamente, sin embargo, el mensaje deja al PRDH cada vez más cerca de Morena.

 

La escena resulta interesante porque el partido del sol azteca no forma parte (aún) de la alianza tradicional de la llamada Cuarta Transformación y, sin embargo, mientras los partidos que sí han caminado electoralmente con Morena defienden legítimamente sus espacios y hasta le plantan cara al partido en el gobierno, el viejo y a la vez nuevo sol azteca hidalguense comienza a mostrarse particularmente dispuesto a acompañar políticamente al gobierno estatal y al proyecto nacional. Una especie de aliado sin alianza que, por momentos, parece más cómodo en la conversación que algunos socios de muchos años.

 

Con esto, es indiscutible decir que en este baile, ambos tienen intereses. Para los amarillos, acercarse a un bloque políticamente dominante puede significar posibilidades políticas reales de conservación del registro y para los guindas, contar con una fuerza progresista adicional puede resultar útil en municipios donde las negociaciones internas o con sus aliados tradicionales se compliquen, y es que no hay que olvidar que en política las coincidencias ideológicas ayudan, pero no sustituyen a las frías cuentas.

 

Lo novedoso sería que de esta aproximación surgiera algo más que otro matrimonio electoral de conveniencia. Morena ha tenido aliados que negocian con fuerza porque justamente han construido cierta identidad propia, y eso es perfectamente válido, pero el PRDH parece estar ensayando otra ruta: primero acreditar una afinidad política, construir un acompañamiento al gobierno y comunicar pertenencia a una agenda progresista, para que después, con más lógica, poder sentarse a negociar. Puede ser una estrategia inteligente siempre que no termine convirtiendo ese interés políticamente legítimo en subordinación.

 

Rumbo a 2027 sabremos si estas señales eran solamente discurso o el principio de algo mayor, porque quizá Morena encuentre en Hidalgo a un socio inesperado que quiera acompañarlo políticamente, no sólo para negociar candidaturas, y quizá el PRDH encuentre finalmente un lugar donde su origen de izquierda vuelva a resultarle electoralmente más congruente que en 2022, cuando probó suerte cerca del PRI, lo cual lo dejó al borde de la muerte política. Veremos.