El Círculo de Viena

Nada tan brutal en la historia de la humanidad como los conflictos bélicos que han negado la racionalidad sustantiva del amor al prójimo y el respeto a la vida.

 

En 1921, el científico austriaco Moritz Schlick fundó el Círculo de Viena, un organismo científico y filosófico que iba hacia un neopositivismo cuya sustentación filosófica criticaba la carencia de dialéctica materialista de la que adoleció el positivismo y su concepción “lineal del progreso social”, para trazar una defensa científica de la humanidad.

 

No resulta raro el hecho de que el Círculo de Viena desapareciera hacia 1936, pues los pasos del nazismo y el fascismo alistaban sus colmillos para crear una segunda conflagración mundial tan feroz como la primera de 1914, donde científicos pro-germanos habían utilizado armas químicas para matar, solo que esta vez el toque de la guerra se centró en el antisemitismo.

 

El pangermanismo se movía más allá de las fronteras de Austria y Alemania, era una epidemia que se cernía como sombras y bayonetas al universo, en espera de que el conservadurismo pudiera atentar contra la razón.

 

El Círculo de Viena concretó un legado pese a su disolución en 1936, logró crear una consciencia con ciencia: trascender al hecho de que el conocimiento científico no es contemplativo y debe estar al servicio de la humanidad y no para destruirla; sin embargo, los campos de concentración nazi y las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki habrían de mostrarle a la humanidad que la ciencia puede ser utilizada –y en los hechos lo es- para crear muerte, sin escrúpulos de aquellos que hacen del conocimiento científico el excremento del Estado.

 

En nuestros días hacen falta las imágenes del Círculo de Viena, pero esta vez a nivel mundial, donde la ciencia no sea vista con los ojos del mercado ni esté sujeta a él, condición que pare ir a contrapelo en un ambiente beligerante y donde los valores de la vida han pasado a un segundo término, creando campos de concentración mental.

 

Pensar para reflexionar y reflexionar para pensar.

Construir desde la ciencia un mundo de oportunidades sociales, incluyente, en armonía y paz social solo será posible si se crea una ciencia con consciencia que no esté supeditada a los apetitos del mercado ni a los intereses de poder.

 

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Por: Carlos Barra Moulain

Carlos Barra Moulain es Dr. en Filosofía Política, su ciudad natal es Santiago de Chile, encuentra en el horizonte social su mejor encuentro con la historia y hace de las calles el espacio de interacción humana que le permite elevar su conciencia pensando que la conciencia nos ha sido legada por los otros.


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