El desorden que Morena debe recomponer

“Morena no tiene derecho a equivocarse en el 2024; todo juega a su favor: el poder, la empatía, las circunstancias… no tiene derecho a equivocarse como cuando Pablo Vargas le llevaba una ventaja importante a Sergio Baños y terminó perdiendo”.

Día a día se percibe con más fuerza el ambiente electoral. Conforme avanza el calendario se puede observar que algunas y algunos de los inscritos para contender por diversos cargos por Morena ya tienen la inquietud de que esto empiece para dar paso a la campaña y echar toda la carne al asador.

 

Esto en realidad no tiene nada de malo ni nada de nuevo. Elección tras elección se ven perfiles impetuosos que sienten que traen consigo el apoyo de todo el mundo y hacen hasta lo imposible por buscar notoriedad, así sea con pifias, malas prácticas e inclusive con traiciones.

 

Lo que sí ha llamado poderosamente la atención es el evidente desorden dentro del partido guinda, porque la “estrategia” (si así se le puede llamar) fue que todas y todos podrían inscribirse para buscar un lugar en las diputaciones federales y en las senadurías, y posteriormente ocurrió lo mismo para los ayuntamientos y diputaciones locales.

 

Pero incluso entre las y los inscritos hay incertidumbre por la falta de un guía político que les diga el A-B-C de lo que tienen que hacer, alguien que los oriente y fundamentalmente que no los haga pelear entre ellos en un futuro, porque no habrá operación cicatriz que pueda subsanar un colapso de esas magnitudes. Los morenistas se sienten en la orfandad y esperan que alguien los cobije, pero además confluyen dos emociones en la mayoría de los inscritos: unos sienten que la indicación de aplicar es para, de una vez por todas, hacerlos a un lado, y otros tienen la esperanza de encontrar respaldo e impulso político, lo cual hasta el momento no ha ocurrido.

 

Este desorden político les ha hecho cometer torpezas, como convocar a una conferencia de prensa entre cuatro personajes que no tienen nada que ver uno con otro, en horario laboral, sin mensaje político alguno y sí con muchas dudas por delante, lo que sin duda los convirtió en un circo y en la comidilla de los medios ahí presentes por la manera en que los cuestionaron.

 

Esos son los yerros que se viven cuando no hay una directriz, un liderazgo que tome el reto electoral y lo orqueste. Hoy vemos una dirigencia estatal tratando de hacer malabares, probablemente con buenas intenciones, pero que no es suficiente para el gran reto político del 2024. Hoy vemos distancia entre personajes de la Cuarta Transformación que, en lugar de sumar, buscan detonar conflictos.

 

Y evidentemente también hay perfiles que, aprovechando su experiencia por sobre sus compañeras y compañeros de partido, hacen uso del colmillo retorcido para sacar ventaja e incluso traicionar las reglas del juego y de operación.

 

Es menester señalar que Morena no tiene derecho a equivocarse en el 2024; todo juega a su favor: el poder, la empatía, las circunstancias… no tiene derecho a equivocarse como cuando Pablo Vargas le llevaba una ventaja importante a Sergio Baños y terminó perdiendo.

 

Es momento de que Morena afiance su maquinaria, agarre bien las riendas y tome decisiones asertivas; es ahora cuando debe aprovechar las circunstancias que juegan a su favor y ejecutar el manual político al pie de la letra. No se puede equivocar, porque el enemigo de enfrente está al acecho.


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